Vivir sobre dos ruedas

Bicycle by Mary Bea McWatters

Hace más o menos un mes fui de visita a Copenhague con una amiga de Londres. Fue un viaje importante para mí ya que me permitió mostrarle a alguien de mi presente la ciudad en la que había vivido 4 intensos años. A las pocas horas de haber llegado, mientras caminábamos por las calles tomadas por ciclistas, le dije a mi amiga que estaba realmente feliz de que Copenhague hubiera sido mi primera ciudad en el extranjero, porque me enseñó cómo hacer una vida en bicicleta.

Me es difícil recordar con exactitud eventos de mi infancia, pero más difícil aún me es poder precisar en el afecto relacionado a determinado recuerdo. Hay una clara excepción, y se trata del recuerdo y la emoción que sentí el momento en que aprendí a andar en bicicleta. Debía de tener unos 6 años y estaba harta de los rodines, que me facilitaban una libertad a medias. Silvia, una vecina mayor que yo, que era entonces mi modelo de mujer y que ya sabía andar en bici, se dio a la tarea de enseñarme. Ambas teníamos una Chopper roja, la de ella mucho más alta que la mía. En mi bicicleta habíamos venido haciendo pruebas de equilibrio con un solo rodín, pero esa tarde en que aprendí, ella me prestó su alta Chopper, y me dijo que había llegado el momento. Mis manos sudaban y el corazón me palpitaba muy fuerte, pero no de miedo, sino de pura emoción. Fuimos a la parte alta de una pequeña subida, yo me monté en el asiento –mis pies casi no tocaban el suelo- y ella me dio un pequeño empujón: salí cuesta abajo, feliz. Desde ese instante me fue casi imposible dejar la bici, al bajarme el mundo se me hacía más pequeño, más aburrido.

Hice algunos intentos en mis años de universitaria por hacer una vida en bicicleta, pero no funcionó, principalmente por dos motivos: 1) en Costa Rica llueve, como si el cielo estuviera menstruando, 8 de 12 meses al año, y 2) en esos días una buena amiga, que también se había animado al proyecto urbano, fue atropellada por un carro (nada grave). En Copenhague, la primera posesión material que tuve fue una antigua bicicleta negra, tan alta como recuerdo la de Silvia, que mis ex suegros daneses me regalaron como gesto de bienvenida al país. Al principio no me atrevía a cruzar semáforos, tenía miedo de igualarme en comportamiento a los carros, así que iba y venía del apartamento al semáforo, del semáforo al apartamento. Cuando le conté a mi ex esposo, no sin un poco de vergüenza, sobre mi ruta ciclística, él sonrió y me dijo que me enseñaría cómo andar sin miedo por toda la ciudad. La constante de alegría de mis años en Copenhague fue, desde ese momento, mi bicicleta. Recuerdo cómo en días en que la noche caía a las 3 de la tarde, en que mi vida sentimental no andaba muy bien y me sentía perdida en una ciudad tan lejana, todo se alivianaba en el momento en que me montaba en mi bici y recorría la ciudad, más allá de los semáforos, a veces tan de prisa como los mismos carros.

Mi esposo actual y yo (él también amante de la bicicleta) decidimos que en Londres esta continuaría siendo nuestro medio de transporte. Un amigo australiano que conocimos en Estocolmo (ciudad desde la que nos mudamos) y que había vivido aquí, nos dijo: ‘¡Están locos, Londres es enorme!’ Es cierto, Londres es enorme, pero también muy plana, y mi esposo y yo compartimos una alegría inmensa cruzando de norte a sur y de este a oeste esta ciudad, que de este modo, se hace más digerible, más amistosa, e incluso interesante.

Ayer por la tarde salí de casa a hacer unos mandados en mi bicicleta y, mientras cargaba bolsas en mi manivela y mi canasta, y pedaleaba junto a los inmensos buses rojos de dos pisos que pasaban veloces a mi lado, volví a agradecerle a Copenhague, y a aquel ex esposo de quien hace mucho tiempo no sé, por haberme enseñado a vivir sobre dos ruedas.

Posdata: Mi amigo Ricardo Bada ha añadido en los comentarios a este blog una hermosa canción de Yves Montand que vale la pena que todos escuchemos.

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07

11 2010

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  1. Ricardo Bada #
    1

    Qué maravilla la de salir a recorrer el mundo en bici, gracias por transmitirnos ese sentimiento, compartirlo con nosotros, y en prenda te regalo esta otra maravilla :
    http://www.youtube.com/watch?v=wk0pW0qr860&feature=related

    • saracaba #
      2

      Querido Ricardo, mil gracias por el hermoso regalo. Sin necesidad de entender las letras, me transporto inmediatamente a la emoción de ver el mundo sobre dos ruedas. Todo deberían intentarlo, se ven cosas diferentes, todo más lindo, más grandioso y emocionante. Abrazos, Sara.

  2. Fede #
    3

    Tu Chopper era amarilla… Te acordas como odiabas que yo la usara? te acordas cuando ibamos a Paraiso en bici? Con Yolanda

    Despues tuviste una BMX negra, con los aros tapados de blanco… Te la robaron un dia cuando estaba en el garage de la casa…

    Siempre me gustaron mas tus bicis que las mias! Jajaja

    • saracaba #
      4

      Ah! esa era la amarilla, me acordaba de una amarilla, pero pensé que venía después. Y de la negra no me acordaba hasta que la mencionaste, pero entonces me acordé de cómo me gustaba! La vida en bici es linda de verdad. Abrazos.

  3. 5

    Eh Sara Maria, espero que tu bici no sea lo unico que extrañas de Copenhague porque acá se te quiere ! Saludos y muy lindo (y muy cierto) lo que escribiste.

    • saracaba #
      6

      ¡Brizzia María! Claro que no es solo la bici, la bici y todo lo que en ella vivimos. Como aquella noche en que salimos Paola, vos y yo una noche de invierno. Ah, sí, a aquella discoteca, ¿te acordás? Uno de los recuerdos más lindos de mis tiempos allá. ¡Se te quiere de este lado del agua también! Muchos besos.



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