Posts Tagged ‘time’

Cambio

(This is a bilingual entry. English follows the Spanish version)

Mi primera entrada en este blog, hace ya más de un año, hablaba sobre el tiempo. Más en concreto, sobre su exceso. Aprovechaba para compartir una de las canciones más lindas que he escuchado, y es  “Who knows where the times goes” de Nina Simone. No he logrado responder a esta pregunta, pero lo cierto es que mi vida ha cambiado, y en las últimas semanas es tiempo extra lo que me falta.

Hace varios meses un amigo escritor que entonces (no sé si aún) seguía este blog, me preguntaba si este proyecto no me quitaba tiempo para la escritura de ficción. Yo le respondí que no. En parte porque estaba menos ocupada, en parte porque lo que estaba escribiendo en aquel momento no me demandaba la dedicación que lo que trato de escribir ahora me demanda. Sin embargo, el miércoles pasado recordé la pregunta de mi amigo, y mi respuesta fue distinta.

Ese miércoles quería -y necesitaba- dedicarme a la historia en la que llevo meses trabajando, pero el miércoles es el día que yo misma designé para el blog, y al darme cuenta de que “debía” dedicarme a este y no a mi relato, sentí un coraje que no es bueno para la historia, para el blog, para los lectores, ni para mí.

El blog ha sido un espacio de exploración que he disfrutado a lo largo de muchos meses, y que se ha enriquecido con las palabras de algunos de ustedes, pero si deja de ser un ejercicio de libertad y expansión no tiene sentido. Tras días de reflexión he decidido no dejar el blog, sino eliminar la periodicidad que yo misma me impuse como un ejercicio de disciplina y constancia.

Ha llegado el momento de dedicarme a un trabajo más íntimo y silencioso, aunque no dudo que haya temas e ideas que ameriten mirar hacia fuera, y me lleven a escribir aquí.

Invito a quienes deseen ser informados de nuevas entradas o posibles publicaciones a enviarme su correo electrónico a saracaba@gmail.com para poder contactarlos. A quienes deseen mantener el anonimato, los convido a pasar por acá de vez en cuando; las puertas siguen abiertas.

Abrazos desde Londres, Sara.

In English, for those that I know struggle with Google Translate!

My first blog entry, over a year ago, spoke about time; more specifically, about its abundance. I took advantage of the opportunity to share with you one of the most beautiful songs I have ever heard: “Who knows where the time goes” by Nina Simone. I haven’t been able to answer this question, but the truth is that my life has changed, and in the last weeks I have found myself lacking time.

Several months ago a writer friend who, back then (I don’t know if still) followed this blog, asked me if this project didn’t steal time from my fiction writing. I answered no. Partly because I was less busy, partly because what I was writing at the time was not as demanding as what I am trying to write now. However, this last Wednesday I remembered my friend’s question, and my answer had changed.

Last Wednesday I wanted –and needed- to invest time in the story that I have been working on for months, but Wednesday is the day that I chose for my blog. When I realized that I “had” to post and therefore couldn’t dedicate myself to my fiction writing, I felt a frustration that is not good for the story, the blog, the readers or myself.

The blog has been a space for exploration that I have enjoyed over many months; a space that has been enriched by the words of some of you, but if it stops being an exercise of freedom and expansion, it loses its meaning. After days of reflection I have chosen not to close this blog, but to eliminate the periodicity that I imposed to myself as an exercise of discipline.

The time has come to dedicate myself to a more intimate and silent work, even though I’m sure that certain thoughts and ideas that are worth sharing here on my blog will still arise.

I invite those of you who want to be notified of new entries or possible publications to send me your email address to saracaba@gmail.com. For those of you who prefer to remain anonymous, I want to remind you that the doors stay open, and that I wish to reencounter you here.

Hugs from London, Sara.

 

25

05 2011

Una cana y el tiempo

Cuando mi esposo Ben entró a mi vida yo apenas me reponía del divorcio con mi primer marido, y no esperaba nada del amor ni de las relaciones. Jamás hubiera podido imaginar, al leer el correo donde me invitaba a comer pizza al apartamento donde se había mudado tras la separación de su ex esposa danesa, que iba a terminar, no sólo enamorándome de este muchacho que había conocido en mis clases de maestría, sino también casándome con él.

Con Ben hubo una conexión importante desde el primer momento: ambos conocimos a nuestros ex daneses en Costa Rica (Ben vivió allá por un tiempo) y ambos partimos rumbo a Dinamarca desde mi país el mismo mes del mismo año, aún sin conocernos. Sin embargo, esta confluencia de hechos, que más tarde llegué a ver como una prueba irrefutable de que estábamos destinados a estar juntos, no me parecía entonces más que una curiosa coincidencia.

Ben era un muchacho guapo y divertido, pero fue su juventud lo que me impidió verlo de un modo diferente al conocerlo. Mis intereses de pareja habían estado históricamente dirigidos a hombres mayores o bastante mayores que yo, por creer que los años eran sinónimo de madurez y entereza. Fui la primera en sorprenderme, aquella noche de pizza, cuando las risas se fueron diluyendo en miradas incitadoras y roces de piel dilatados. Me dejé querer por Ben pese a su edad, pero no sin reservas. Mientras observaba su rostro acercarse a mí sin tregua, enrojecido por el vino y la emoción, sus labios que todavía le temblaban producto de la reciente confesión amorosa, sus ojos tan azules e inocentes, imaginé con desolador detalle el momento futuro en que me decía que lo había intentado, pero que no me podía querer.

Hace un par de semanas estábamos en la cama, yo leyendo y él haciendo algo tecnológico con su Ipad, cuando al dejar el libro de lado para mirarlo por un rato (porque todavía, después de años de unión y matrimonio no me deja de sorprender que sea él el hombre con el que me acuesto cada noche de mi vida), noté su primera cana, erigida con soberbia en medio de su abundante melena de pelo negro. La observé con dolor e impotencia, y lo único que pude decirle fue que no era justo, que él no podía envejecer. Ben, que ya había visto la cana y había elaborado su ritual de aceptación a solas, se rió, me besó la mano, y volvió a deslizar su dedo sobre la pantalla electrónica.

A mí me fue imposible regresar a la lectura. Lo seguí mirando, mientras la impotencia y el dolor dieron paso a una frustración de la que no me logro reponer. No es frustración con él, que ha dejado de ser aquel muchacho al que una vez besé por primera vez y se ha convertido en un hombre que me ha aprendido a amar, sino con el paso del tiempo y ese modo contundente, y a veces cruel, que tiene de demostrarnos que no hay vuelta atrás.

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27

04 2011