Posts Tagged ‘The Barcelona Review’

Aniversario

Nunca he sido gran aficionada de los aniversarios, pero en este caso, en que mi blog cumple un año de existencia, no puedo dejar de sentirme emocionada. No tanto por el cumplimiento del año en sí mismo, sino por el camino recorrido durante estos doce meses.

Hace un año, cuando la idea del blog se concretó, estaba con mi esposo Ben pasando unas vacaciones en Sudáfrica. Antes de dejar Londres había enviado el primero de mis relatos a la revista de literatura The Barcelona Review y estando allí, en Muizenberg, un pequeño municipio costero a las afueras de Ciudad del Cabo, recibí un correo del editor informándome que iban a publicar “Reciclaje”. Pocas veces me he sentido tan alegre como entonces. Aquel momento fue para mí uno de graduación. Creía haberme ganado el título de escritora, y la idea de abrir este espacio parecía complementar mi nueva profesión.

Empecé el blog sin tener una idea clara de su dirección. En un principio supuse, ingenuamente, que sería el portal de mis publicaciones (recién graduada, pensaba que escribir era tan “sencillo” como inspirarse, sentarse, teclear y publicar), pero poco a poco me fui dando cuenta de que la escritura de ficción requiere de un trabajo mucho más reposado y lento del que yo imaginaba. Mi ilusión de graduada se esfumó, y allí surgieron las dudas respecto al blog. Sentí que no me merecía este espacio, pese a que era mío y de nadie más.

El recorrido de este año ha sido de una intensa lucha interna, de sincerarme conmigo misma y explorar temas que no me son del todo sencillos, pero que han ido nutriendo mi escritura y mi vida. En varias ocasiones, abrumada por sensaciones de duda y timidez, consideré dejar el blog. En esos momentos aparecía la bochornosa pregunta “¿y quién carajo soy yo para creer que lo que tengo que decir le importa a alguien?” En no pocas ocasiones he vuelto sobre lo escrito y me he sonrojado, ya sea por considerarlo moralizante, irrelevante, o muy íntimo. Este último punto ha sido el más difícil de conciliar. Cuando empecé a escribir, lo único que tenía claro era que el tono sería personal, porque soy ese tipo de persona a la que le gusta hablar (y escribir) no de la vida en sí misma, sino de cómo nos sentimos en ella.

Al principio no me detuve a pensar en el hecho de que estaba compartiendo mis experiencias con extraños, por creer que quienes leerían el blog serían amigos o conocidos, pero poco a poco el número de personas y países fue aumentando, al punto de llegar a tener un grupo de lectores en un pueblito de Corea del Sur, donde quizá nunca vaya a poner pie. En ese momento el hecho de compartir partes de mi vida en internet dejó de parecerme natural y las dudas aumentaron.

Ricardo Bada, periodista y escritor español con quien he entablado amistad por este medio, tuvo la amabilidad de incluir mi blog en una conferencia que dará este martes en el Instituto Cervantes de Estocolmo sobre blogs y literatura. En el texto, que compartió con quienes colaboramos, menciona que lo que le llama la atención de mi blog es justamente el que yo comparta mi intimidad con un público en su mayoría anónimo. El verlo escrito me impactó, como si de ese modo se hubiera convertido en una verdad ineludible. Por otro lado, pensé, lo ha sido siempre, porque no se puede cambiar la esencia de quien se es. Me dije entonces que lo mejor que puedo hacer en este segundo año que inicia es aceptarme como soy, y desear que quienes pasen por aquí, anónimos o no, puedan sentirse escuchados, acompañados, entretenidos o inquietos durante los minutos semanales de lectura.

Les saludo desde Estocolmo, donde tendré la oportunidad de conocer a Ricardo en persona, quien dejó de ser un anónimo, para convertirse en amigo. Deseo agradecerles su lectura, sus comentarios, su tiempo y compañía, ha sido una gran experiencia que espero podamos seguir compartiendo en este segundo año. Abrazos fuertes, Sara.

27

02 2011

Lluvia

Londres ha estado más gris y húmeda que de costumbre. He pasado horas en el sillón del estudio, leyendo y pensando. Entre el flujo de recuerdos me viene una pregunta que me llegó a obsesionar en mis primeros tiempos de estudiante de psicología: ¿por qué lloramos cuando estamos tristes? Me intrigaba mucho el mecanismo que hacía que nuestro cuerpo despidiera un líquido de los ojos al sentir dolor. Lo llamativo es que pese a mi interés nunca me preocupé en investigar algo sobre lo que apuesto debe haber cientos, sino miles, de tesis. Quise que mi pregunta permaneciera bañada por un misticismo poético y algo trágico a la vez. La fascinación por la tristeza, en lugar de su comprensión, me parecía mucho más interesante entonces.

Pienso en la idea que le he oído varias veces al escritor Vila-Matas de crear un mapa de decepciones, compuesto por las memorias de proyectos fracasados que nunca llegaron a ser. No conozco los motivos del autor para entretener esta idea, pero desde que la oí me ha intrigado, por ser el fracaso algo de lo más doloroso que sufrimos, y que tendemos a padecer en la más cruel de las soledades.

La primera mañana de este año -que con prisa se aproxima a su fin- empezó con la rutina normal de un día no laboral: mi esposo y yo nos levantamos, nos dirigimos a la cocina, preparamos desayuno y lo digerimos lentamente. Dentro de mí todo era menos apacible. Me pesaba el que hubiera terminado otro año en que no había hecho mucho más que postergar lo que realmente quería hacer con mi vida. Al terminar en la cocina regresamos al cuarto para hacer la cama, cada uno con la punta de una sábana en esquinas opuestas. En el momento en que la sábana cayó sobre el colchón, caí yo con ella. Lloré con amargura, pero mientras lloraba me dije que no quería llorar más así. Ese día le dije adiós a las postergaciones y empecé a escribir.

Inicié este blog (que para mi alegre sorpresa crece), dos revistas literarias aceptaron mis relatos de inmediato, y otra de bastante impacto un tercero que saldrá en estos días. Me embarqué  con entusiasmo en el proyecto de lo que creía sería mi primer libro: una compilación de relatos breves que iban desde la infancia hasta la vejez, compuestos por una serie de personajes de diversas edades y geografías que enfrentan o van más allá de situaciones claves en sus vidas. Digo iba a ser porque una vez terminado me di cuenta de que ese no podía ser mi primer libro.

Tras dudas aplastantes y fuertes cuestionamientos caí en cuenta de que el total de las historias no conformaba la unidad que yo había previsto. Tenía dos libros en uno, no compatibles: el de la vida ya vivida (la mía), y el de la vida imaginada. El mayor problema, me di cuenta, es que de la vida ya vivida me queda todavía mucho por comprender. Días de agotadoras reflexiones a solas y en íntima compañía apuntan a que hay grietas y heridas aún abiertas en la vida de la niña de la primera historia del libro  -que fue hecha letra por letra con palabras de mi diario de infancia- con las que la mujer que hoy escribe este blog debe lidiar.

Es enorme la decepción que el darme cuenta de la imposibilidad de este libro ha generado en mí. Las historias espero poder colocarlas individualmente en otras revistas literarias, pero ese libro que por meses he venido gestando ha pasado a formar parte de ese mapa del cual el escritor español habló.

¿Qué hacer con la decepción y a dónde nos lleva?, me pregunto mientras miro la lluvia y escucho a un bebé llorar a la distancia. No lo sé. La diferencia es que esta vez no me puedo conformar con no saber, como decidí hacerlo a mis 19. Primero porque ya no tengo esos años, sino bastantes más; segundo porque sé que este libro que un día va a ser no existirá si no me logro responder a esta pregunta. Se lo debo a la niña del diario, y a la mujer en que me he venido convirtiendo.

03

10 2010

Basura

A inicios de año escribí un relato titulado “Reciclaje” donde narraba mis impresiones sobre el tratamiento de la basura en ciudades en las que había vivido (San José, Copenhague, Boston y Estocolmo). El relato (publicado, en español, por The Barcelona Review se puede leer haciendo clic en el enlace a la derecha) dejaba pendiente el capítulo sobre la basura en Londres, ciudad a la que me acababa de mudar.

Este septiembre se cumple mi primer año de vida en Londres, y debo decir que la relación entre humanos y basura en esta ciudad es de lo más particular. La primera vez que mi esposo y yo la notamos, la relación, fue un domingo en que asistimos al mercado de Bricklane. Bricklane es una de esas zonas “yuppie meets vintage and ethnic” en el este de Londres, donde los domingos se celebra un mercado que consiste básicamente en música improvisada, venta de comidas y bebidas, y un centenar de personas que venden cualquier cosa en la calle. Al llegar allí aquella vez ambos estábamos fascinados, pero no por la belleza ni estilización del evento, sino por el hecho de que las personas estuvieran tan a gusto en un área más parecida a un resto apocalíptico que a una zona de recreación. Muchos de los edificios estaban derruidos, la mayoría muy sucios, cubiertos de hollín, y las calles estampadas con varios tipos de residuos. Aún así, la gente se sentaba feliz en cualquier lado a comer y disfrutar del esquivo sol que hacía el favor de brillar.

Hace un par de semanas asistimos al Carnaval de Notting Hill, el segundo más grande del mundo que atrae a unos dos millones de personas. Este evento se celebra desde 1964 en honor a los inmigrantes afro-caribeños que se mudaron a la zona en los 50. No sé cómo habrá sido en el pasado, pero lo que nosotros vimos fue una celebración a la generación y acumulación de basura. Para el momento en que llegamos (4pm más o menos) las montañas de desechos, conformadas de restos de rice and beans, plátanos al horno, patis, latas de cerveza, colillas de cigarro, pipas de coco, pajillas, caña de azúcar masticada, mac and cheese, y una que otra vomitada, conformaban la materia principal de este festival en el que los presentes parecían bailar sin importarles que sustancias pronto radioactivas se estuvieran fermentando a su alrededor.

Supongo que el año aquí nos ha adiestrado un poco, ya que pese a los olores hicimos fila una hora para comprar nuestro rice and beans, el que nos comimos con todo placer al lado de una de esas montañas crecientes. Al terminar buscamos un basurero- ah sí, aquel artefacto que una vez existió en Londres y que el pavor al terrorismo ha convertido en objeto en extinción- y pronto nos reímos de nuestra absurda búsqueda: ¡estábamos en un basurero! Tiramos las dos cajitas en la calle y nos dirigimos satisfechos a casa, cruzando un mar de orines y basura, sobre el que la gente bailaba y cantaba como si no hubiera un mañana.

‘London is like a party before the end of the world’, dice mi esposo ante imágenes como esta, y no podría estar más de acuerdo. Si el mundo se va a acabar mañana, qué importa la basura, mejor irse al más allá con una gran sonrisa y el estómago lleno de placer.

Taken from BBC

12

09 2010

Primera publicación

http://www.barcelonareview.com/70/s_sc.html

Durante varios años he imaginado el momento en que mi trabajo llegaría a ser publicado. Este sueño creció como una ilusión ardiente que por mucho tiempo vi difícil de concretar. El 2009 fue un año extraño, de mucha pérdida, creo, o al menos así lo veo en su proximidad. Al comenzar el 2010 decidí que era tiempo de dejar de fantasear y empezar a actuar. Los frutos de esta decisión se han presentado mucho antes de lo esperado.

Espero que puedan leer el producto de esta travesía que inicia con Reciclaje, y que espero sea el comienzo de un largo viaje.

Saludos cálidos,

Sara Caba

29

03 2010