Posts Tagged ‘Peter Falk’

Hombres desesperados

“The mass of men lead lives of quiet desperation.”
Henry David Thoreau

He estado leyendo mucho en estos días, alejada de la computadora, de los correos, del Facebook; pareciera casi que del mundo en general. He estado leyendo especialmente sobre los hombres, pensando mucho en esa especie tan subestimada, reducida a los estereotipos del sexo, el deporte, el trabajo o la violencia. La lectura fue iluminada por las películas de John Cassavetes, en particular “Husbands”, que me mostró algo que intuía antes de embarcarme en este proyecto pero que no lograba comprender del todo: que los hombres son seres que sufren de desesperación.

Pensaba en el origen de estos hombres desesperados, en los niños que un día fueron, niños sin palabras, llenos de acciones. Niños que crecen silenciosos, cavernosos, que no hablan de verdad con nadie, ni consigo mismos. Niños que cambian los tractores de plástico por un coche presentable, los robots por una esposa, los animalitos de la granja por unos hijos, y el uniforme escolar por una corbata y un traje. Niños jugando a ser hombres que hacen cosas que no entienden: todo les viene como un vendaval. Mueven sus cabezas, aceptan compromisos, dicen “sí, yo puedo”, y un día entran a una casa que sienten ajena y amenazante, en la que habita un grupo de seres con demandas y preguntas, y ese “sí, yo puedo” no basta, entonces entra la desesperación.

La semana pasada terminé de leer una joya de libro que, como ningún otro, me abrió las puertas a los espacios más profundos, y más tristes, de lo que significa ser hombre. El libro es “Revolutionary Road” de Richard Yates, cuya versión cinematográfica no le llega ni a los talones. Lo terminé de leer a eso de las cuatro de la mañana de un día entre semana. No era mi intención quedarme despierta hasta tan tarde, pero no pude dejar de leer hasta el final. Al terminar mecí el libro en mis manos y lloré quedito, para no despertar a mi esposo, que dormía a mi lado y tenía que levantarse tan solo un par de horas después para ponerse el traje y la corbata, para ir a un trabajo que es el sustento principal de esta familia que somos él y yo. Le rocé el hombro suavecito, el hombro expuesto y sudoroso, y lo quise mucho, mucho.

Los dejo con el trailer de “Husbands”, en honor a Peter Falk, uno de esos hombres desesperados y hermosos, que ya no está.

19

07 2011

A Woman Under the Influence

Este fin de semana vi finalmente una película que tenía pendiente desde hace años. A Woman Under the Influence (1974), de John Cassavetes, valió cada minuto de la espera. Es una de las películas que más me ha impactado, no sólo por las sensaciones y reacciones que generó en mí mientras la veía (vértigo, risa, dolor, enojo, compasión) sino también por la duración del efecto, que no me deja a pesar de los días. Creo que lo más valioso de esta producción, aparte de las monumentales actuaciones de Peter Falk y Gena Rowlands, es la multidimensionalidad y profundidad de sus personajes. Al terminar de ver la película, que concluye con una desgarradora escena donde el protagonista no le puede contestar a su esposa si aún la quiere, al regresar ella de una larga estadía en una clínica mental, me sentí muy triste y conmovida. Ben me preguntó si era porque me había identificado con la protagonista, una bella mujer quizá injustamente tachada de loca, y yo le dije que sí, pero también con el esposo y su cansancio, con su madre y el dolor de ver a su hijo casado con una “loca”, con los padres de la “loca” por sentirse culpables de la disfuncionalidad de su hija, con los hijos de ella por querer a una mujer que no siempre puede estar allí.

Hace unos seis meses terminé de escribir el primer borrador de una colección de cuentos compuesta por relatos correspondientes a los diferentes momentos de desarrollo de nuestras vidas. El proyecto me emocionaba, y escribí con ahínco un total de catorce historias que en su momento me gustaron, pero que con el tiempo empecé a sentir falsas y huecas. Pese a leerlas y releerlas no lograba encontrar el fallo. Fue Larry, mi terapeuta, guía y últimamente consejero editorial, quien me ayudó a identificar el problema. “Tus historias son planas y unidimensionales”, me dijo, “estás escribiendo sobre emociones que no entendés y el resultado no puede ser más que maniqueo”. “Pasás corriendo por tus emociones, tenés miedo de ellas” concluyó. Las palabras de Larry me impactaron ya que siempre había pensado en mí como una persona en contacto con sus emociones, pero lo cierto es que les he temido, en especial a las de ese grupo “feo”, el de la envidia, el dolor, la tristeza, el enojo, por creer que al sentirlas pierdo un pulso con la vida (“no me vas a hacer sufrir ni me vas a ver llorar”). Ese día en que se inició como consejero editorial, Larry me asignó un ejercicio donde debía construir un personaje que se moviera en al menos dos dimensiones: la de los eventos externos y la del flujo interno de pensamientos y sentimientos.

Esta tarea, que al principio me pareció relativamente fácil, se ha convertido en una historia en la que llevo cinco meses trabajando y que ha sido (y está siendo) uno de los ejercicios de escritura y de vida más demandantes a los que me haya sometido, por obligarme no sólo a observar con detenimiento y sin contemplaciones mis propias emociones, sino las de los otros. Ha habido momentos en los que he querido dejar el proyecto, tratar de tomar un rumbo más superficial, escribir relatos centrados en los giros dramáticos y no en la profundidad de los personajes, pero me he dado cuenta de que no hay vuelta atrás en este camino, que ya no puedo dejar de ver más allá de mi fachada y la de los demás, y que lo único que me queda por hacer es continuar trabajando con tenacidad y compasión, deseando que llegue el día en que a través de mi escritura pueda crear personajes acaso parecidos a los que Cassavetes me ofreció, tan profundos, tan humanos que se llegue a olvidar que son letras las que corren por sus venas.

20

04 2011