Posts Tagged ‘Enrique Vila-Matas’

Lluvia

Londres ha estado más gris y húmeda que de costumbre. He pasado horas en el sillón del estudio, leyendo y pensando. Entre el flujo de recuerdos me viene una pregunta que me llegó a obsesionar en mis primeros tiempos de estudiante de psicología: ¿por qué lloramos cuando estamos tristes? Me intrigaba mucho el mecanismo que hacía que nuestro cuerpo despidiera un líquido de los ojos al sentir dolor. Lo llamativo es que pese a mi interés nunca me preocupé en investigar algo sobre lo que apuesto debe haber cientos, sino miles, de tesis. Quise que mi pregunta permaneciera bañada por un misticismo poético y algo trágico a la vez. La fascinación por la tristeza, en lugar de su comprensión, me parecía mucho más interesante entonces.

Pienso en la idea que le he oído varias veces al escritor Vila-Matas de crear un mapa de decepciones, compuesto por las memorias de proyectos fracasados que nunca llegaron a ser. No conozco los motivos del autor para entretener esta idea, pero desde que la oí me ha intrigado, por ser el fracaso algo de lo más doloroso que sufrimos, y que tendemos a padecer en la más cruel de las soledades.

La primera mañana de este año -que con prisa se aproxima a su fin- empezó con la rutina normal de un día no laboral: mi esposo y yo nos levantamos, nos dirigimos a la cocina, preparamos desayuno y lo digerimos lentamente. Dentro de mí todo era menos apacible. Me pesaba el que hubiera terminado otro año en que no había hecho mucho más que postergar lo que realmente quería hacer con mi vida. Al terminar en la cocina regresamos al cuarto para hacer la cama, cada uno con la punta de una sábana en esquinas opuestas. En el momento en que la sábana cayó sobre el colchón, caí yo con ella. Lloré con amargura, pero mientras lloraba me dije que no quería llorar más así. Ese día le dije adiós a las postergaciones y empecé a escribir.

Inicié este blog (que para mi alegre sorpresa crece), dos revistas literarias aceptaron mis relatos de inmediato, y otra de bastante impacto un tercero que saldrá en estos días. Me embarqué  con entusiasmo en el proyecto de lo que creía sería mi primer libro: una compilación de relatos breves que iban desde la infancia hasta la vejez, compuestos por una serie de personajes de diversas edades y geografías que enfrentan o van más allá de situaciones claves en sus vidas. Digo iba a ser porque una vez terminado me di cuenta de que ese no podía ser mi primer libro.

Tras dudas aplastantes y fuertes cuestionamientos caí en cuenta de que el total de las historias no conformaba la unidad que yo había previsto. Tenía dos libros en uno, no compatibles: el de la vida ya vivida (la mía), y el de la vida imaginada. El mayor problema, me di cuenta, es que de la vida ya vivida me queda todavía mucho por comprender. Días de agotadoras reflexiones a solas y en íntima compañía apuntan a que hay grietas y heridas aún abiertas en la vida de la niña de la primera historia del libro  -que fue hecha letra por letra con palabras de mi diario de infancia- con las que la mujer que hoy escribe este blog debe lidiar.

Es enorme la decepción que el darme cuenta de la imposibilidad de este libro ha generado en mí. Las historias espero poder colocarlas individualmente en otras revistas literarias, pero ese libro que por meses he venido gestando ha pasado a formar parte de ese mapa del cual el escritor español habló.

¿Qué hacer con la decepción y a dónde nos lleva?, me pregunto mientras miro la lluvia y escucho a un bebé llorar a la distancia. No lo sé. La diferencia es que esta vez no me puedo conformar con no saber, como decidí hacerlo a mis 19. Primero porque ya no tengo esos años, sino bastantes más; segundo porque sé que este libro que un día va a ser no existirá si no me logro responder a esta pregunta. Se lo debo a la niña del diario, y a la mujer en que me he venido convirtiendo.

03

10 2010

Metamorfosis

Este fin de semana asistí a dos eventos que en principio no pensé estarían relacionados, pero que al final parecen haber formado un círculo perfecto.

El viernes por la noche fui a la galería Serpentine en Hyde Park a escuchar al escritor español Enrique Vila-Matas en conversación con una artista plástica francesa con la que colabora. El evento fue demasiado extenso, la traducción de las palabras del escritor mediocre y el clima inglés brutalmente frío y húmedo, pero pese a estas inconveniencias valió mucho la pena asistir porque el escritor, que tiene momentos de extrema lucidez, mencionó como punto central que escribir para él implica el descubrimiento continuo de lo posible. No un deseo vacuo ni vano de innovación, sino un hambre por explorar, por ensanchar límites y encontrar sentido y belleza en espacios no explorados aún.

Anoche fui al Southbank Centre a ver un espectáculo de circo que me ha dejado con imágenes y sensaciones muy dulces y hermosas. El show estaba a cargo de Le Cirque Invisible, un espectáculo de circo protagonizado por una de las hijas de Chaplin (Victoria) y su esposo Jean-Baptiste Thiérrée, una pareja que lleva 40 años de matrimonio emocional y creativo.

El circo me encanta precisamente por romper las nociones de lo que creemos posible, por jugar con los límites de la realidad: gente que parece caminar en el aire, cuerpos partidos por la mitad, humanos que ingieren fuego, mujeres que vuelan por el escenario, palomas que nacen de un sombrero, objetos que aparecen y desaparecen ante nuestros ojos desafiando toda lógica. Lo que me fascinó de esta pareja tan excepcional es que hayan logrado esta elasticidad de nociones creando un universo personal constituido por objetos de todos los días como sombrillas, macetas y utensilios de cocina que nunca terminan de transformarse en otra cosa. En el escenario aparece Chaplin sosteniendo dos sombrillas tras las que desparece con rapidez, y de lugares insospechados continúa sacando más sombrillas, como si su cuerpo mismo estuviera compuesto por ellas y, sin que nos demos cuenta, desaparece por completo la figura humana y aparece un enorme muñeco rojo hecho de estos objetos, que en fracciones de tiempo que parecen pertenecer a otra realidad se va transformado de un modo tan gradual -casi imperceptible- en otra cosa, ahora un animal hecho de otro tipo de sombrillas, y después regresa al elemento inicial, hasta quedar en el escenario una sombrilla solitaria, que es un elemento único -casi imperceptible- distinto del inicial.

Viendo este espectáculo recordé la fascinación que traza la obra del escritor Vila-Matas por desaparecer y ser invisible, por convertirse en algo diferente e irreconocible, quizás en una metamorfosis sin fin donde todo es posible.

15

08 2010

Des-control

Hace más o menos un mes publiqué en este blog una entrada que llamé “Vivir la ciencia ficción”. Si hubiera sabido entonces lo que iba a suceder en estos días, producto de la nube volcánica que cubre a Europa, hubiera reservado el título para esta ocasión. Debe tratarse de un caso de horror más que de ciencia ficción para quienes están estancados en un punto que no es su destino lo que está sucediendo, pero para mí, que me salvé por apenas un par de días de quedarme atrapada en Estambul, la situación, de la cual me entero desde el confort de mi casa, me parece un clarísimo advenimiento de la ciencia ficción a nuestras vidas: aeropuertos a lo largo y ancho de Europa convertidos en campamentos de rescate, miles de pasajeros extraviados armonizando con extraños en situaciones extremas, presidentes rigiendo sus países desde un teléfono o un Ipad-como es el caso del noruego-, corridas de taxi que van desde Suecia hasta España, buses que son rentados y recogen a quien sea que aparezca en el camino deseoso de movilizarse sin importar dónde, empresas aseguradoras acosadas por preguntas, pérdidas millonarias de las líneas aéreas, políticos incapaces de atender compromisos internacionales, en resumen: caos.

Esta situación me ha hecho pensar en la arrogante falacia de poder y control de los seres humanos y su parálisis ante situaciones que se salen de sus manos. La sociedad en la que vivimos está basada en la premisa de que todo es controlable y manipulable. Los desarrollos tecnológicos han ensalzado esta creencia, permitiéndonos realizar acciones que en un pasado hubieran sido imposibles, como el recibir un mensaje internacionalmente enviado en segundos en vez de semanas, por ejemplo. Esta ilusión de poderío y control es la que se ve hecha añicos en momentos en que la naturaleza, ese personaje de nuestras vidas que solo sale a relucir al momento de planear nuestras vacaciones, ruge y nos demuestra lo impotentes y pequeños que somos.

La continua e impredecible erupción del volcán islandés (no finlandés, como he visto escrito varias veces en Facebook) está generando este nivel de caos precisamente por desestabilizar la creencia de que el ser humano todo lo puede controlar. Esta ilusión de control ha sido puesta en acción incluso tras catástrofes producidas por tsunamis, o terremotos, o huracanes. No se han podido salvar las vidas perdidas (lamentablemente), pero se han podido tomar medidas de reconstrucción, así como la implementación de tecnologías que ayuden a prevenir estos desastres y a mitigar sus efectos. Pero ¿qué control se puede ejercer sobre un volcán que en el año 1821 hizo erupción dos años consecutivos?

Estoy leyendo un libro del 2005 de Enrique Vila-Matas que dice en un pasaje “Y leí que para aquellos que tienen miedo a volar probablemente haya de resultarles perturbador saber que los físicos y los ingenieros aeronáuticos aún debaten apasionadamente sobre la pregunta fundamental: ¿qué mantiene a los aviones en el aire?”. Me llamaron la atención estas líneas como recordatorio de la juventud y relativa insipiencia de la industria aérea. Adoro viajar (lo que en su mayoría implica volar) pero siempre me ha parecido algo megalomaníaca la invención humana de cruzar los aires, siendo que sólo los pájaros son capaces de hacerlo. Me pregunto en qué irá a parar esta situación, y qué mecanismo producto de la arrogancia humana será diseñado para poder seguir surcando el cielo pese a la naturaleza. Solamente espero que en este afán por preservar las bases de la sociedad moderna no se ponga en riesgo mortal las vidas de los miles de pasajeros que desesperados esperan por una solución.

18

04 2010