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Perfección

La otra madrugada estaba frente al televisor a eso de las 3 de la mañana (insomnio) buscando un programa que me ayudara a conciliar el sueño. Di con el canal E Entertainment, que transmitía la ceremonia de los Golden Globe, y me pareció la opción ideal. No estaba prestando mucha atención a lo dicho (comentarios sobre la mejor vestida, las panzas de embarazo o post embarazo, etc) hasta el momento en que apareció Christina Aguilera, con sus voluminosos pechos, y pronunció con una sonrisita mojigata la frase que reactivó mis pensamientos y prolongó mi insomnio. “Es que soy una perfeccionista” dijo henchida de orgullo.

¿A quién le sonríe de ese modo?, fue lo primero que me pregunté. ¿A los presentes, a su público ausente y abstracto, a sus padres, a sus maestros, a sus amantes y ex amantes, o a sí misma? La respuesta, que llegó cerca de las 4am, fue: A todas estas personas. No tuve la menor duda en ese momento, y todavía, de que la aspiración a la perfección es uno de los objetivos más vagos y crueles que podemos llegar a imponernos como personas.

Vago porque, aunque la perfección se haya convertido en un valor tan cotizado y respetado, no comunica nada. Define tanto como el decir que alguien es bueno. Porque ¿de qué está hecha la materia de la perfección? Estoy segura de que cada persona tiene una respuesta distinta que ofrecer. Habrá quienes digan que la perfección es el ser una buena persona (de nuevo, ¿qué es esto?), o que significa ser siempre responsable y precavido, o que es dar siempre lo mejor de sí mismo, o algo por el estilo. Lo cierto es que el único consenso que parece haber sobre la perfección es que se trata de cumplir con un ideal hecho de expectativas que nunca logramos satisfacer del todo, porque siempre están más lejos de donde logramos llegar, porque cambian en cuanto nos acercamos. Habrá quienes digan que bien, que la perfección es una motivación de vida, pero aquí es donde me parece que es un objetivo tremendamente injusto y cruel, porque para ser perfectos (o buenos) tenemos que sofocar esa parte oscura y menos amable de nuestras personalidades que todos llevamos dentro; asfixiada, pero no por eso menos presente y real.

Hace un tiempo dediqué un par de escritos en este blog al debate sobre la calidad. Sostenía que la calidad y los gustos no son equivalentes. Decía que estos últimos son una construcción más racional. Al ver una película, por ejemplo, escuchamos una voz que nos habla, nos dice que esta película es buena o no, o que esta actuación no está mal pero podría ser mejor. Al terminar la proyección constatamos que nuestros gustos son atinados, investigamos lo que los otros piensan y luego emitimos una opinión. La calidad, sin embargo, es algo que sucede, ni siquiera en el plano de lo emocional, sino de lo físico. No hay intermediarios en el efecto, ni opiniones, hay un cuerpo afectado que le avisa a la mente que algo muy fuerte está pasando; no al contrario.

Black Swan, película de la que escribí hace unas 4 semanas y que está acumulando gran parte de los más prestigiosos galardones, es un filme que me afectó de este modo; robándome el aliento. Al terminar, mi cuerpo se desplomó sobre la silla, mis manos se unieron en un fervoroso aplauso, y lo único que salió de mi boca, una y otra vez, fue un emocionado Wow. Esta película trata, curiosamente, sobre el tema de lo oscuro y claro que todos llevamos por dentro. Nina, la protagonista (interpretada de modo magistral por Natalie Portman), es una bailarina elegida como personaje central en el ballet titulado como la película misma. El principal conflicto de esta chica es que su mayor anhelo en la vida es ser perfecta (como su mamá, una bailarina frustrada, la quiere). La perfección en Nina implica no crecer, ser una chica que duerme con ositos de peluche, viste de rosa, siempre sonríe y es completamente asexual. Durante los ensayos una transformación brutal tiene lugar, ya que Nina no puede controlar más el afloramiento de esta parte oscura (envidiosa, promiscua, insultante, agresiva, mordaz), que sale a flote arrasando con cuerpo y psique.

No estoy segura del destino de Christina Aguilera y su obra, pero no me cabe la menor duda de que Black Swan será una película que seguirá estremeciendo a generaciones por venir. No necesariamente por su temática, sino porque cuando estamos sentados frente a la pantalla podemos sentir las palpitaciones de un creador que se desnudó, observó su oscuridad y su luz sin filtros, y no huyó, sino que creó desde allí. La calidad, podría decir, jamás vendrá del lugar de la perfección.

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01 2011

Una bella mujer

Uno de los grandes placeres de visitar un lugar donde una vez se vivió es poder reconstruir las rutinas que una vez se tuvo. Este miércoles Ben y yo decidimos que era el día de uno de nuestros rituales favoritos en Boston: cena en Blue Room, un pequeño restaurante subterráneo de ladrillo y luces tenues cerca de MIT, y película en el cine Kendall Square, una sala donde proyectan filmes con subtítulos, como los llama Franzen en su libro Freedom. Fue la película de la noche, Black Swan, la que hizo de la velada una memorable.

La primera cinta de Darren Aronofsky, director de Black Swan, que vi fue Pi (1998). Recuerdo que me llamó mucho la atención desde el punto de vista estético (película en blanco y negro con un acabado arenoso) y temático (un numerólogo-matemático convencido de que el universo se reduce al número 216), pero sobre todo desde el punto de vista psicológico. Aronofsky nos adentra con gradual intensidad en el mundo asfixiante y triturante de las obsesiones de su personaje masculino, y nos muestra, o mejor dicho, nos hace sentir, la desintegración de la mente y el cuerpo ante adicciones que van más allá del control humano. Su segunda película, Requiem for a Dream (2000), vuelve sobre estos mismos temas, valiéndose en este caso de la adicción a las drogas y no a los números. Esta película, que tiene una banda sonora increíble compuesta por Clint Mantsell e interpretada por Kronos Quartet, me volvió a sorprender positivamente. Su siguiente producción,  The Fountain (2006), me interesó tan poco que me es imposible recordarla con precisión, y su cuarta, The Wrestler (2008), me gustó, pero no me pareció aguda comos sus dos primeras. Las actuaciones del monstruoso Mickey Rourke y la sensual Marisa Tomei son excelentes, pero considero que, aunque volvió a su apasionante tema del nexo entre psique y cuerpo en conductas obsesivas, la película no alcanzó el nivel de profundidad psicológica que se merecía. A Black Swan llegué sin mayores expectativas. Sabía que Aronofsky haría una película digna de ser vista, pero quizás no notable. ¡Qué equivocada estaba! El director no solo ha hecho una película ya clásica en sí misma por la perfección con la que mezcla géneros que van desde el thriller psicológico y el surrealismo hasta el melodrama, sino que se adentra con una intensidad y elegancia que he visto en pocas ocasiones en el complejo universo de una ambiciosa bailarina que pone todo en juego, incluso su salud mental, para alcanzar el papel principal en el ballet que le da nombre a este filme.

Natalie Portman, la protagonista de esta película, siempre me ha parecido una artista excelente y bellísima –igual que el personaje que encarna en Black Swan-, pero cada vez que he terminado de ver una de sus cintas me he quedado con la sensación de que es capaz de mucho más de lo que da. Había estado esperando que experimentara una revelación como la de Halle Berry en Monster Ball (2001), pero el momento no parecía llegar. Hubo aproximaciones a este hecho en películas como Closer (2004), My Blueberry Nights (2006) y Hotel Chevalier, la parte introductoria de The Darjeeling Limited (2007), pero Portman no se lograba desprender del todo de su ternura de niña bien portada. Aronofsky no solo tuvo la virtud de crear una película hermosa y transgenérica, sino que tuvo la capacidad, y este es su mayor mérito, de transformar a Portman. La que aparece desde el primer segundo en la pantalla no es una muchacha linda y capaz, sino una mujer, con toda la belleza, turbulencia e intensidad que serlo conlleva. Portman, puedo afirmar finalmente, se ha convertido en una bella mujer.

Los dejo con el tráiler, que por desgracia no le hace justicia al filme. Este hay que verlo.

12

12 2010