Submarine

El fin de semana pasado Ben y yo terminamos viendo, por un error de cálculo, la película inglesa Submarine. Al llegar al cine, la mujer de la boletería nos informó que el film que pretendíamos ver había empezado treinta minutos antes, y que era imposible ingresar a la sala tan tarde. “¿Qué otra película dan dentro de poco?” preguntamos para no desaprovechar nuestro viaje a Soho. “Submarine” respondió ella, “en treinta minutos”. Ni a Ben ni a mí nos había interesado este tan comentado estreno por girar en torno al tema de la adolescencia. Sin embargo, y dadas las circunstancias, nos miramos, nos encogimos de hombros, y le pedimos dos boletos a la vendedora.

Cuando la película terminó le hice un gesto de más o menos a Ben con la mano, quien me indicó que a él sí le había gustado, bastante. “Será que es una peli de hombres”, pensé mientras dejábamos la sala oscura y decidíamos regresar a casa caminando. En medio de un Soho preñado de sonidos y luces me di cuenta de que estaba triste. Me sorprendió este sentimiento, ya que durante el transcurso de la película no me sentí afectada. Decidí prestar atención a los elementos externos de la noche, diluirme en el ruido y los excesos de esta zona de Londres, y no en mí; pero en cuanto el bullicio quedó a nuestras espaldas y la ciudad se fue aquietando, el sentimiento que no quería reconocer reclamó su existencia, y ya no pude ignorarlo.

He sido una de esas tantas personas que no ven nada atractivo en la adolescencia, que se llenan de pensamientos sentenciosos al observar el modo en que los adolescentes visten, hablan, actúan. Lo que la película Submarine hizo fue confrontarme a la verdadera causa de mi rechazo: no me gusta mi propia adolescencia porque es el tiempo de mi vida en que más sola me he sentido.

Mientras atravesábamos las majestuosas y sobrias calles del barrio de Mayfair, Ben y yo hablamos de nuestras adolescencias, de la gran soledad que caracteriza a esta etapa de la vida. No es que antes de llegar a ser adolescentes no estemos solos, pero es en la adolescencia cuando adquirimos consciencia absoluta de este hecho. De niños contamos con el bálsamo de la fantasía y el juego: amigos imaginarios, lápices que se convierten en naves galácticas, muñecas que son nuestras más fieles confidentes, palitos con los que formamos castillos; pero todo esto acaba de modo súbito e involuntario ese día en que nos sale el primer vello áspero, o espinilla, o manchamos nuestra ropa interior. Nos vemos lanzados a una realidad inhóspita de transición, donde no somos más niños, pero tampoco adultos.

Los adolescentes somos, o fuimos, renacuajos sin hogar. Saltamos de charco en charco en busca de cariño y atención, aterrorizados del ente en que nos hemos convertido. Salimos de casa porque las grietas entre papá y mamá, o quien sea nos haya criado, han traspasado el espacio de la habitación y empiezan a ocupar cada esquina de eso que se supone es nuestro hogar. Vagamos ansiosos por las calles buscando un sitio donde calzar. Vamos a casas de amigos, a fiestas también. Bebemos alcohol, a veces mucho, porque así, aunque sea por la brevedad de una noche, olvidamos ese hueco que se nos ha instalado de manera permanente por dentro. Observamos a la gente, a esa gente que se ve como nosotros, pero de la que en realidad sabemos tan poco. Nos llenamos de música, y bebemos más. Aceptamos muestras de atención, cualquiera. Puede ser un cigarrillo, una pastilla de un llamativo color, o los brazos y labios de un extraño que en pocos minutos recorren nuestra piel, erizada de miedo y deseo. Ejecutamos eso que se supone es el amor, pero que no nos satisface.

Pasamos los años así, saltando de charco en charco, buscando mejores métodos para atenuar el dolor causado por la soledad, hasta que un día encontramos a alguien -real- que se convierte en nuestro mejor amigo y confidente, con el que vamos al cine, hablamos bien, atravesamos una ciudad, y hacemos el amor. Es decir, a alguien con quien crecemos y construimos un hogar.

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • email
  • Google Buzz

About The Author

saracaba

Other posts by

Author his web site

29

03 2011

4 Comments Add Yours ↓

The upper is the most recent comment

  1. ben hope #
    1

    Me encanto amor!
    B

    • saracaba #
      2

      I’m glad you liked it…)

  2. Fede #
    3

    Al Chile que es dura la adolescencia.. Por dicha es pasajera
    Yo, aunque la viví llena de complejos, la aproveche y aprendí algo de ella

    • saracaba #
      4

      Has dicho algo cierto: lleno de complejos. Asi nos la pasamos, que tragedia! Tambien se goza, y se aprende, es cierto. Ya te tocara navegar con tus hijos esas etapas. Que aventura. Abrazos.



Your Comment

Safe Creative #1008220006078