Qué hacer con la tecnología

Hace años cursé en Dinamarca, en la Universidad de Roskilde, una maestría en Ciencia, Tecnología y Sociedad. Debo confesar que la tríada me desinteresó rápidamente, por lo que decidí irme por un rumbo ligeramente distinto. Terminé haciendo trabajo de campo en Rumania, y escribí mi tesis sobre el impacto de la transición de una economía centralizada a una de mercado. Han pasado años desde aquel entonces, pero del contenido de este programa, que en su mayoría he olvidado, ha subsistido la idea de que la tecnología ha sido siempre una herramienta construida por los humanos para lidiar con sus limitaciones y expandirse.

Tecnología en su sentido más amplio y originario: la creación de un cuchillo para cortar, de una bicicleta para transportarnos con más rapidez, de un barco para cruzar océanos, del servicio de correo para comunicarnos a largas distancias, de una escalera para subir a zonas inaccesibles; por ejemplo. Solía ser que cada invención tenía propósitos concretos y funcionales que cumplir, pero pareciera que esta lógica tan elemental se ha empezado a romper con el auge de la era de la información.

Esta semana fui al cine a ver “The Social Network” de David Fincher, que trata sobre el origen de Facebook. La película, muy bien lograda, me ha hecho pensar en el propósito de esta tecnología. ¿Cuáles con las limitaciones que franqueamos con Facebook y en qué modo nos expandimos? Soy usuaria, así como otras 500 millones de personas en el mundo, de esta herramienta y aún no tengo respuestas claras a estas preguntas. Lo que sí sé es que he desarrollado una dependencia extraña con este sitio. Si paso un día sin asomarme siento que el mundo me ha sacado de su órbita, pero lo que más me decepciona es que al revisar constato que no ha pasado nada fundamental: estatus sobre los platillos que la gente quiere cenar, videos de youtube colgados, fotos de logros personales y familiares,  y una variedad de frases misteriosas en búsqueda de atención virtual.

No es todo negativo con Facebook, de otro modo me hubiera dado de baja. Facebook me ha permitido reconectar con mi mejor amiga de la escuela primaria, a la que dejé de ver a mis 11 años y ahora reencuentro como toda una mujer, o con mi profesora de español del colegio, ahora abuelita, que siempre generó en mí inspiración por la lengua y su uso. También me informa de eventos de interés, todo en una misma página, o me permite conocer opiniones sobre acontecimientos mundiales de gente cuyas ideas respeto, o me permite ver, casi en tiempo real, la cara de alegría de mi sobrino en su primer viaje a Disney.

Pero Facebook también está allí, como un enemigo fiel, en momentos de desidia en que no quiero hacer nada con mi vida, en que prefiero gastar horas viendo fotos de desconocidos a leer o escribir o estar con mi esposo, cuando me siento sola y quiero atención, y me pongo a refrescar mi Inbox para ver si a alguien en esa vasta red de amistades le gusta el video que colgué o piensa que mi estatus es tan inteligente como pensé yo que era al compartirlo, o cuando empiezo a sentir que no estoy observando sino controlando a las personas y sus vidas.

El cuchillo nos sirve para cortar alimentos, cierto, pero también ha llegado a ser usado en demasiadas ocasiones como arma letal. Supongo que lo más valioso que podemos hacer en relación a las invenciones tecnológicas es tomar una decisión moral y ética ante ellas, ya que al fin y al cabo son productos de nuestra propia humanidad.

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • email
  • Google Buzz

About The Author

saracaba

Other posts by

Author his web site

17

10 2010

Your Comment

Safe Creative #1008220006078