Nostalgia de la patria

Me hace falta encontrarme a gente conocida en las calles, me hace falta lo pequeño en esta enorme ciudad. Es el clima, los días húmedos y nublados de este extraño verano londinense, lo que ha traído a superficie la nostalgia costarricense que nunca antes, en mis once años en el extranjero, sentí.

Me desperté una mañana, hace unas dos semanas, y no me moví de la cama por unos minutos, confundida, sin saber en qué cama, en qué ciudad, y en qué país me encontraba. La sensación al abrir los ojos fue la todas las mañanas de mi vida, hasta los 24 años, cuando dejé mi país para empezar una odisea que me ha llevado a vivir en distintos continentes, y lenguas. Al abrir los ojos pude haber sido la niña que despertaba en Cartago y escuchaba el sonido del río Toyogres, o la universitaria que vivió en varios apartamentos de Sabanilla y que se arremolinaba en las sábanas, a veces a sola, a veces no, y poco a poco se incorporaba a la realidad de ser una estudiante universitaria, de estar preparándose para ejercer como psicóloga en un futuro; cosa que nunca llegó a suceder.

El aire de esta mañana londinense era denso y cálido, como el aire tropical, y al mirar afuera vi un cielo nublado, que es como tiendo a recordar el cielo del valle central costarricense, un cielo preñado de lluvia, de gotas por caer. Entonces me quedé en cama sin moverme, siendo la niña, la universitaria, y poco a poco la mujer de 36 años que he llegado a ser. Miré a mi alrededor, mi marido ya había salido al trabajo, vi la forma de su cuerpo en la sábana, vi de nuevo hacia fuera y no quise moverme por un buen rato por temor a que esa sensación de hogar que se me había impregnado en la piel humectada me fuera a dejar.

No fue así. Sigue aquí, en estos días londinenses que continúan cálidos y húmedos aunque ahora también soleados. Una extrañeza me acompaña desde esa mañana dos semanas atrás. Ando en mi bicicleta, visito los lugares de siempre, realizo las acciones que me producen y me siguen produciendo placer, pero hay una parte en mí que no está aquí. Esa parte que durante los 11 años que llevo en el exterior no extrañó su país de origen. Una parte que extraña el olor a fruta madura, la lluvia estruendosa, los ríos caudalosos, el ir por las calles y poder encontrarme a gente que me diga Sara, o Sarita, como me solían decir en esa pequeña ciudad donde crecí, y donde cada mañana escuchaba el caudal del río susurrar.

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • email
  • Google Buzz

About The Author

saracaba

Other posts by

Author his web site

06

07 2013

Your Comment

Safe Creative #1008220006078