Mañanas que nunca serán

El viernes fue el cumpleaños de Ben, mi esposo. Decidimos ir a Brighton, donde ninguno de los dos había estado. El día se presentó gris y frío, pero no desistimos del plan. Teníamos boletos de tren y una reservación hecha en un restaurante indio llamado The Chilli Pickle que resultó ser uno de los lugares más espectaculares en los que hemos comido en nuestras vidas. Después de la comida (que nos dejó felices y colmados) nos dedicamos a vagar sin rumbo específico por los estrechos y sinuosos callejones de esta ciudad portuaria. Luego cruzamos al otro lado de la calle que parece dividir a Brighton en dos, y nos adentramos en el área donde viven los locales. Todo muy “funkie”, casi como estar en las calles de San Francisco. Tras horas de andar nos sentamos en una banca de un parque a descansar y a mirar el desfile de familias que salían de un acto de graduación. Nos reímos mucho inventando historias de la gente que veíamos pasar.

Regresamos a casa de noche, preparamos té, arreglamos la sala de modo acogedor, y empezamos a ver una película que había sido estrenada hacía unos meses y de la que habíamos leído buenas críticas: Harry Brown, protagonizada por Michael Caine. La película fue muy buena, muy dura también, tratando sobre el lado trágico y doloroso de esa vida que se ve en Londres por doquier y de la que hablé la semana pasada.

Nos fuimos al cuarto, apagamos las luces, y nos tomamos de las manos muy fuerte. En ese momento un dolor repentino, algo que he llamado desde hace unos años la nostalgia futura, me golpeó, y fui consciente de que ese amor y esas dos personas que tanto se quieren un día iban a dejar de ser. Fue un pensamiento horrible y real que aceleró mi corazón y del que no me pude desprender. Una pesadilla en la que un helicóptero en llamas se estrellaba contra nuestro apartamento, iniciando un incendio y atentando contra nuestra vidas, se hizo presente durante la noche. Abrí los ojos a la mañana siguiente agitada, buscando la mano de Ben otra vez.

La semana pasada leí en Granta en español una entrevista que Jhumpa Lahiri, escritora bengalí-estadounidense, le hizo a la escritora canadiense Mavis Gallant (de 88 años), donde le preguntó: ‘Y las cosas sobre las que ha sentido necesidad de escribir, de pensar, de expresarse, ¿cómo evoluciona eso con los años?’ Gallant, quien había venido haciendo despliegue de su esclarecedora mente, respondió: ‘Voy a decirte lo que sucede cuando te haces mayor. Las cosas te parecen inevitables’.

No tengo 88 años, y Ben tampoco, pero no puedo negar que de un tiempo acá (especialmente tras cumplir 31, que fueron los años que cumplió Ben) empecé a sentir el paso del tiempo más certero, casi como si notara los surcos que va dejando en su camino. He pensado que, tratándose todo este asunto del tiempo, es como si después de cierta edad se empezara a vivir en la segunda mitad del reloj de la vida, donde para dar la hora no se suma (y), sino que se resta (menos), o se define el tiempo en función de lo que le falta a la aguja para llegar a su destino final (para las).

Pensar en la muerte puede tornarse en oscura fascinación, y debe una sacudirse de este pensamiento aterrador. Pensar en la muerte debe regresarnos siempre a la vida, a la conciencia de que el tiempo pasa y no deja de pasar, y de que las postergaciones tienen fecha de expiración. Pienso en mi vida hasta hace muy poco, en la angustia que me corroía al presenciar el paso de días llenos de nada, en la cobardía de mi consuelo de ‘ya llegará el momento de actuar’, mientras veía un tiempo perdido transitar frente a mí, decirme adiós para más nunca volver.

Ser concientes de nuestra mortalidad debe ser hecho suficiente para empezar a vivir nuestras vidas, esas que tendemos a ver en un futuro cada vez más estrecho, para dejar de decir mañana, porque mientras lo decimos pasa, y así se nos puede ir la vida, hablando de mañanas que nunca serán.

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07 2010

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    Dear Sara, You a qoute a converssation with Gallant (88):
    ‘Y las cosas sobre las que ha sentido necesidad de escribir, de pensar, de expresarse, ¿cómo evoluciona eso con los años?’ Gallant, quien había venido haciendo despliegue de su esclarecedora mente, respondió: ‘Voy a decirte lo que sucede cuando te haces mayor. Las cosas te parecen inevitables’.

    Es corecto lo che dice la señora Gallant. “Las cosas te parecen inevitables.” Es tu destino. Existe un destino? Lo credo.

    Rasmus Jensen



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