Hogar

A lo largo de las últimas semanas ha coincidido la aparición de un mensaje común en los estatus de amigos o conocidos en Facebook que anuncian, con una mezcla de temor y alegría, el regreso a sus países de origen después de muchos años de vivir en el extranjero. Como es propio de Facebook, la gente se presenta con sus diferentes consejos y buenas intenciones, entre los que nunca ha faltado el mensaje que asegura que todo va a estar bien “because you are going home” (porque vas a casa).

El asunto es que, cuando se tiene tanto tiempo fuera de lo que la naturaleza le asignó a uno como casa, lo que se considera hogar deja de ser tan obvio, y es aquí donde el temor a regresar a eso dado alguna vez aparece.

Este octubre precisamente cumplo 8 años de no vivir en Costa Rica. He vivido durante este tiempo en 4 países, y en ningún momento he dejado de responder “de Costa Rica” a la pregunta “¿de dónde eres/sos?”, y creo que por más tiempo que lleve fuera ésta seguirá siendo mi respuesta. Lo que sucede es que es una respuesta administrativa, que responde a mi nacionalidad, no necesariamente a mi identidad, y mucho menos al lugar al que puedo llamar hogar.

Voy poco a Costa Rica, o poco en comparación con personas que visitan su país de origen cada año al menos, pero incluso estas visitas me generan algo de ese temor del regreso a “casa”. Es como si en el viaje en avión tuviera que dejar en un olvido temporal a la persona que soy al otro lado del océano. No porque se me exija sino porque responde a un sutil pacto en el que para volver a pertenecer tengo que ser quien fui en el momento en que dije adiós, y esto se hace a veces muy difícil.

Mi puerto de llegada siempre ha sido el mismo: mi mejor amiga que me espera en el aeropuerto, con una sonrisa cariñosa y alegre que siempre aliviana esas cargas que vengo nutriendo en el avión. Tras abrazarme y preguntarme si tuve un buen viaje, me dice en tono jocoso: ‘Saris, ya estás en Costa Rica, ya podés volver a hablar español’. En boca de ella, que me quiere y me conoce, esta frase ya tradicional en nuestro encuentro me gusta porque me hace sentir bienvenida y aceptada sin condiciones, pero cuando comentarios de este tipo vienen de personas que quizás no son tan cercanas, me recuerdan la especie extraña en que me he convertido.

En Costa Rica muchas veces me preguntan que por qué hablo ahora como española (aunque en la vida me he topado con un español que me reconozca como de su clan), pero en el extranjero se burlan de mi erre arrastrada pensando que hablo como gringa por estar casada con uno. En Costa Rica me veo europeizada, pero en Europa soy evidentemente latina o de algún lugar del tercer mundo. En este juego de equívocos se crea un tercer país, una zona gris, que creo es el hogar indefinido de quienes llevamos mucho tiempo viviendo fuera.

Mi esposo y yo (él lleva también varios años fuera de Estados Unidos) estamos en ese momento de nuestras vidas en que empezamos a pensar con más seriedad en tener hijos, comprar una casa, echar raíces. El principal dilema es: ¿dónde? ¿Dónde queremos que sea ese lugar que lleguemos a llamar hogar? O más aún: ¿tiene que llegar a ser “hogar” un lugar físico, o es algo que puede existir solo dentro de una? Yo solía sostener que el hogar interno es el más importante, y lo sigo creyendo, pero en ese lugar no se puede construir una casa, o llevar a los niños al colegio.

Con una mezcla de urgencia y excitación me pregunto si llegaré a encontrar un territorio no gris donde en el regreso no haya más que familiaridad y pertenencia, o si la decisión que tomé cuando estaba aún muy joven de irme de mi país y luego de casarme con un extranjero me ligarán de por vida a la dificultad de llamar a un territorio físico “hogar”.

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10 2010

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  1. Claudia #
    1

    No sólo nosotros no somos los mismos, tampoco los lugares que dejamos quedaron congelados en el tiempo y eso también es una cosa que puede ser difícil de asumir; porque no se puede volver a algo que ya no existe.

    Un muy buen libro sobre este tema, en mi opinión es “La tierra prometida” de Antonion Dal Masetto.

    Muy bonito eso de la zona gris

    • saracaba #
      2

      Hola Claudia, gracias por la recomendación del libro, lo voy a rastrear. Sobre lo que decís, tenés razón, no es estática la vida que dejaste, pero es un poco diferente. Digamos, si hablo con la gente en Costa Rica entiendo casi perfectamente a lo que se refieren, conozco los códigos, el país, la cultura, etc; pero no funciona al revés. Entonces para que las relaciones se sostengan tenes casi que anular todo eso que es y ha sido tu vida fuera porque la gente que no la conoce no puede conectar (y es entendible), o podes hablar de ella, pero no explayarte. Eso hace que el volver a “casa”, no sea siempre sinónimo de volver al “hogar”, como un lugar seguro al que se pertenece.

  2. Claudia #
    3

    Que me había equivocado, se llama la tierra incomparable, no prometida, ja,ja siempre me equivoco en el nombre

  3. Andrew Miller #
    4

    A veces nuestra casa del pasado ahora no existe. Por eso tenemos memorias.

    • saracaba #
      5

      Hola Andrew, tenés razón, se recuerda lo que ya no es. Aunque una casa física siga existiendo, la persona que fuimos en ella y lo que hicimos no existe más que en la memoria. Precisamente por esto hay que crearse un hogar en el presente, y probablemente continuar sosteniéndolo, para que no se convierta en recuerdo. Abrazos, Sara.

  4. Fede #
    6

    Yo te puedo dar dos casos de familias que hechan raices, y de familias que viajan como nomadas…
    El primer caso lo conoces y es mi familia… Pese a que viajar es una de mis pasiones, creo que los chicos necesitan ese sentido de pertenencia…
    La pregunta, donde? Creo que en cualquier lugar… Sea UK, US o CR… De todos, yo escogeria Tiquicia porque ahi ES MAS BARATO!!! Jajaja
    Podes darles “mundo” a tus hijos desde Tiquicia.
    Lo que no veo claro es si vos y Ben se acostumbrarian a vivir aqui…

    Coincido en que para vos, ser tica es solo cuestion del lugar donde naciste, no de donde sos. Pero si no es un conflicto para vos, pues entonces deci que venis del planeta Tierra, y asi todo el mundo feliz…

    El otro caso, el de la familia nomada. La familia de la hermana de Jessy (por cuestiones laborales del marido) ha vivido en 4 lugares (3 paises) en los ultimos 10 años (desde que los conozco, y antes, ya habian mudado) con TRES HIJOS, de 18, 14 y 10.
    Lo que he podido percibir de los cambios en los chicos, ahora ya adolescentes, es que no siempre se adaptan todos bien. El cambio de la mayor a los 15 fue el mas dificil de todos. Ya que ella se habia adaptado a esa ciudad y a su grupo de amigos.
    Todos han tenido sus dificultades para adaptarse a cada ciudad, y sobre todo adaptarse a los diferentes sistemas educativos de cada pais. Han perdido tiempos lectivos entre cambio y cambio, y me imagino que habran ganado y perdido amigos en el camino…

    Cual sera su percepcion de su niñez y adolescencia cuando sean adultos? No lo se, y probablemente ellos tampoco aun lo sepan
    Pero esa es su realidad, y la viven dia a dia…
    Tus hijos se adaptaran, sea donde sea que sea tu hogar, tu lugar de residencia, o el techo que los cubre…

    Porque como te he escrito anteriormente, el hogar no es donde uno esta, si no donde te extrañan….


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  1. Sara Caba » Blog Archive » ¿Sois o son? 21 11 10

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