Café Comercial



El 18 de octubre de este año le escribo un email a mi amigo Ricardo Bada, escritor y periodista español, y enamorado de Madrid, pidiéndole algunas recomendaciones para mi visita a esta ciudad, que como mencioné la semana pasada, nunca me ha terminado de encantar. Ricardo me contesta al día siguiente, 19 de octubre, emocionado de saber que voy a la ciudad de sus amores, y comparte varias sugerencias conmigo, entre las que resalta la visita al Café Comercial: “El Café Comercial no te lo debés perder: está en la Glorieta del Bilbao, metro Bilbao salida Manuela Malasaña. Es el único que queda de los viejos cafés a donde iban los escritores a escribir y a mantener su tertulia. Ahí va casi a diario el gran poeta Tomás Segovia, pregunta por él a alguno de los camareros, y si está, saludalo en nuestro nombre. Es un ser adorable y abiertísimo a pegar la hebra (=charlar) con todo el mundo”.

El viernes 22 de octubre mi esposo Ben y yo tomamos temprano por la mañana el vuelo hacia Madrid. Ben tiene una reunión de trabajo cerca del aeropuerto, así que yo me voy sola a la ciudad. Dejo el equipaje en la casa donde nos estábamos quedando, me voy a caminar por ahí, compro libros, me como un bocadillo enorme y riquísimo de tortilla, pienso en que ya había estado en esta ciudad antes de haber conocido a mi esposo, me deleito con meditaciones sobre los nexos entre lo pasado y lo presente, me veo con él en la Plaza Mayor ya por la tarde, y nos vamos ahora juntos a caminar por las calles efervescentes. Nos acostamos temprano, cansados y contentos.

El sábado 23 nos levantamos con calma, nos alistamos y pensamos en el itinerario del día.  Me meto en el mensaje de Ricardo y tomo nota. Resulta que nos estamos quedando a tan solo un par de cuadras del Café Comercial, así que decidimos empezar el día allí. Tenía razón Ricardo, es una de esas joyas detenidas en el tiempo. Nos sentamos Ben y yo en el salón central. No hay mucha gente. Al frente nuestro vemos dos mesas, separadas, ocupadas por dos señores con tremenda pinta de escritores. El hombre a nuestra derecha tiene cara de escritor seco y elitista, y el de la mesa de la izquierda, de hombre dulce y sensible. Le cuento a Ben lo que Ricardo me había dicho, de su amigo Segovia, y le digo que a lo mejor alguno de ellos dos es él. El camarero viene en varias ocasiones, primero con el menú, después con los cafés, más tarde con los churros, finalmente con la cuenta, y cada vez que aparece estoy a punto de preguntarle si el poeta Segovia se encuentra en el sitio, pero cada vez me quedo muda. Ando de humor polo, como decimos en Costa Rica, cohibida, vergonzosa. ¿Qué le voy a decir si es él?, ¿y si lo molesta mi interrupción?, ¿y si le aburre mi conversación de escritora novel?

Cuando es evidente que el camarero no va a venir más, le digo a Ben que trate de buscar en el Internet de su teléfono la foto de Tomás Segovia, para ver si es uno de estos dos señores y, de serlo, quizás me anime al menos a saludarlo. Ben intenta por varios minutos, pero el Internet justo en ese momento no funciona. Vemos un anuncio de Wifi en una ventana del café y tenemos nuestro último intercambio con el mesero para averiguar cómo funciona. “Hay que pagar”, informa. Estoy a un instante de preguntarle por el señor Segovia, pero cuando mi voz sale ya él ha desparecido.

Olvido el asunto durante el resto del viaje. El lunes 25 de octubre por la tarde, ya en casa, tomo la cámara y me pongo a ver las fotos de Madrid. Allí están las del Café Comercial. Curiosamente, en algunas de las fotos salen los dos hombres con pinta de escritores del café. Me meto inmediatamente a Google a buscar la foto de Tomás Segovia, y me quedo fría y sin poder creerlo. Aparece un hombre de rostro dulce, con una barba espesa y blanca. El mismo hombre que tan sólo dos días atrás escribía a mis espaldas junto a un ventanal del Café Comercial, y de quien yo me preguntaba si sería él.

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saracaba

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10 2010

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  1. Fede #
    1

    Pues si.. Todos tenemos oportunidades que hemos dejado ir…
    El que no arriesga, no cruza la mar…

    Espero que lo volvas a encontrar en tu proxima visita a la madre patria… Estoy seguro que esta vez SI le vas a hablar

    • saracaba #
      2

      Hola! Lo mismo pienso, que la próxima le hablo, además de que esta situación tan curiosa ha iniciado el diálogo por correo con él. Es extraño ponerse a pensar en todas las cosas que hemos dejado pensar, en este caso yo me di cuenta de la falta, pero imaginate de cuántas nunca sabremos.



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