Basura

A inicios de año escribí un relato titulado “Reciclaje” donde narraba mis impresiones sobre el tratamiento de la basura en ciudades en las que había vivido (San José, Copenhague, Boston y Estocolmo). El relato (publicado, en español, por The Barcelona Review se puede leer haciendo clic en el enlace a la derecha) dejaba pendiente el capítulo sobre la basura en Londres, ciudad a la que me acababa de mudar.

Este septiembre se cumple mi primer año de vida en Londres, y debo decir que la relación entre humanos y basura en esta ciudad es de lo más particular. La primera vez que mi esposo y yo la notamos, la relación, fue un domingo en que asistimos al mercado de Bricklane. Bricklane es una de esas zonas “yuppie meets vintage and ethnic” en el este de Londres, donde los domingos se celebra un mercado que consiste básicamente en música improvisada, venta de comidas y bebidas, y un centenar de personas que venden cualquier cosa en la calle. Al llegar allí aquella vez ambos estábamos fascinados, pero no por la belleza ni estilización del evento, sino por el hecho de que las personas estuvieran tan a gusto en un área más parecida a un resto apocalíptico que a una zona de recreación. Muchos de los edificios estaban derruidos, la mayoría muy sucios, cubiertos de hollín, y las calles estampadas con varios tipos de residuos. Aún así, la gente se sentaba feliz en cualquier lado a comer y disfrutar del esquivo sol que hacía el favor de brillar.

Hace un par de semanas asistimos al Carnaval de Notting Hill, el segundo más grande del mundo que atrae a unos dos millones de personas. Este evento se celebra desde 1964 en honor a los inmigrantes afro-caribeños que se mudaron a la zona en los 50. No sé cómo habrá sido en el pasado, pero lo que nosotros vimos fue una celebración a la generación y acumulación de basura. Para el momento en que llegamos (4pm más o menos) las montañas de desechos, conformadas de restos de rice and beans, plátanos al horno, patis, latas de cerveza, colillas de cigarro, pipas de coco, pajillas, caña de azúcar masticada, mac and cheese, y una que otra vomitada, conformaban la materia principal de este festival en el que los presentes parecían bailar sin importarles que sustancias pronto radioactivas se estuvieran fermentando a su alrededor.

Supongo que el año aquí nos ha adiestrado un poco, ya que pese a los olores hicimos fila una hora para comprar nuestro rice and beans, el que nos comimos con todo placer al lado de una de esas montañas crecientes. Al terminar buscamos un basurero- ah sí, aquel artefacto que una vez existió en Londres y que el pavor al terrorismo ha convertido en objeto en extinción- y pronto nos reímos de nuestra absurda búsqueda: ¡estábamos en un basurero! Tiramos las dos cajitas en la calle y nos dirigimos satisfechos a casa, cruzando un mar de orines y basura, sobre el que la gente bailaba y cantaba como si no hubiera un mañana.

‘London is like a party before the end of the world’, dice mi esposo ante imágenes como esta, y no podría estar más de acuerdo. Si el mundo se va a acabar mañana, qué importa la basura, mejor irse al más allá con una gran sonrisa y el estómago lleno de placer.

Taken from BBC

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • email
  • Google Buzz

About The Author

saracaba

Other posts by

Author his web site

12

09 2010

4 Comments Add Yours ↓

The upper is the most recent comment

  1. 1

    El paisaje de muchas capitales occidentales es, aventuro, reflejo de un modo de pensar. No hay silencio en ellas, sino farfullo, violencia, consumo, sinrazón. Toda una fábrica de detritos que se acumulan en cualquier parte y bajo cualquier pretexto. Un verano que pasé mis vacaciones en Mallorca vi un barco lleno de ingleses anclado en una pequeña cala. Parecía gente educada hasta que a la mañana siguiente en la superficie de las aguas flotaban botellas, trozos de pizza, cajas, corrupciones y un largo etcétera. En mi primera novela un poeta ha enterrado un poema en una colina, a la que llaman Loma del poeta, en la segunda novela, la Loma del poeta se ha convertido en un vasto basural que rodea la ciudad.
    Aguda mirada la tuya, Sara. Un abrazo

    • saracaba #
      2

      Hola Antonio, qué alegría volverte a ver por acá, y una vez más gracias por enriquecer lo planteado. El día que escribí este post tuve grandes deseos de poder releer parte del libro donde Truffaut entrevista a Hitchcock (por desgracia está en Costa Rica), ya que recuerdo que el segundo hablaba con una oscura fascinación sobre el modo en que todo en este mundo llega a convertirse en desecho. A veces me da la impresión (como en tu poema) de que la basura va a ahogarnos, o triturarnos. Las actitudes en casa y fuera de casa son interesantes, como lo mencionás. Recuerdo que hace unos años estuve en Rusia y me resultó impresionantemente limpia, pero luego, al estar en Ucrania (en Crimea), entendí por qué: esta zona era el basurero de los rusos. Lo interesante de los londinenses, o quienes viven acá, es que han desarrollado una convivencia de lo más armónica con la basura, dentro y fuera de casa. Se me ocurre que para una ciudad que ha sobrevivido fuegos, pestes, monarquías, bombardeos y demás, un poco de basura por aquí y por allá es un mal menor. Muchos abrazos, Sara.

  2. 3

    I must say the author is one thing to be ackowledged! I say one thing because she is such a potent vibrant being… I wish she would be published and I can crack myself up with her neurotic cinicism while sunbathing in punta cana..

    • saracaba #
      4

      Thanks for the comment! If you take me to Punta Cana I promise to make you laugh!!



Your Comment

Safe Creative #1008220006078