Aquellos tiempos salvajes

Me permito una alusión al título tan hermoso de la película de Wong Kar-wai Days of Being Wild, porque es la frase que caminando ayer por las calles de Barcelona (desde donde escribo este blog) me siguió revisitando.

A Barcelona había venido por primera vez hace más o menos 5 años. Fue un viaje muy distinto al inicialmente previsto para un mes de setiembre de aquel 2004. Cuando fue planeado yo estaba aún con mi ex esposo danés, pero cuando la fecha de realizarlo llegó nos habíamos separado, o él ya había decidido separarse de mí. Trabajaba yo en ese entonces para IBM, y ya tenía las vacaciones pedidas para aquella ocasión cuyo propósito inicial era celebrar los 30 años de mi ex. No quise quedarme sin aquel viaje, pero en el estado emocional en que me encontraba sabía que no quería hacerlo sola, así que llamé a una de mis mejores amigas costarricenses que en ese tiempo estaba estudiando su doctorado en Madrid, y le dije que qué tal le sonaban unos días en Barcelona el fin de semana siguiente. Un sí rotundo y aliviador fue su respuesta.

El viaje resultó ser un absoluto bacanal: justo lo que mi alma de recién separada necesitaba. La primera noche que estuvimos allí fue una noche de placeres más tranquilos y de reencuentros. Mi amiga, quien sí había continuado fiel a la senda de la psicología, había mantenido contacto con uno de nuestros profesores de la U, que nos había dado el curso de Normalidad y Patología (ahora me encantaría escribir una novela a lo Dostoievsky con ese título), que estudiaba su doctorado en esta ciudad y muy cordialmente nos invitó a quedarnos en su casa. Fue una noche de mucho vino y recuerdos muy agradables y lejanos. Yo pasé fascinada rebobinando la frase pronunciada por él en tono dulce y pícaro al verme después de más de cinco años: Claro que me acuerdo de vos, Sara la peleona. Pensar en mí como Sara la peleona que no se deja de nadie me reconfortó el alma.

La segunda noche en Barcelona mi amiga y yo estábamos sedientas de fiesta y cuerpos (ella creo también andaba media renca emocionalmente hablando) y fue así que muy maquilladas y con ropas ajustadas salimos a los bares del Born. Es difícil ligar cuando no se es de un lugar, porque una no tiene idea de dónde está ni a qué tipo de hombres le estás mostrando hombro y cadera. Lo bueno, es que la selectividad no era nuestro criterio principal aquella noche, y fue así que no tuvimos ningún problema en que los tipos que se nos acercaran fueran probablemente los menos atractivos y exitosos de la multitud: un argentino jovencillo que vivía de ilegal y trabajaba como asistente en una tienda de videos porno se le acercó a mi amiga, y un uruguayo mayor de voz ronca y tanguera, menos guapo pero más hombre, que llevaba desempleado una eternidad pero que prometía estar a un brinco de la afluencia absoluta, a mí. La pasamos genial con esos tipos feos, porque los feos se esmeran mucho en ser atentos y simpáticos. Bailamos con rosas en la boca en un bar muy electrónico del Born, les mostramos más que cadera y hombro, nos fuimos a meter a un oscuro bar de puerta cerrada al toque de queda de los bares barceloneses donde se fumaba mucho y se jugaba billar bajo la luz escuálida de un bombillo, caminamos ya todos muy ebrios por unas calles sinuosas y hermosas como un tren andino, y nos metimos en un cubículo que era el apartamento de los dos a besarnos las bocas y demás en costados opuestos de un sillón. La noche terminó tarde y gozada, con los primeros rayos del sol rompiéndonos en las pupilas, sentadas ambas en los andenes a la espera del primer tren de mañana de domingo.

En esta segunda visita he venido con mi esposo (guapo y simpático), con quien llevo más de tres años de matrimonio. Ayer caminamos por las calles que resultaron tan familiares para mí, pero andaba con un pulso muy distinto al de aquella vez, solo andaba, de la mano de un hombre al que amo y con quien creo (y espero) estaré el resto de mis días ya no tan salvajes, y me di cuenta de que he dejado de apresurar al tiempo, y he empezado a disfrutar de la dicha de los momentos. El momento de tomarle la mano a mi esposo en una bella ciudad, el de sentarnos en un parque cualquiera a escuchar a una orquesta improvisada, el de irnos a la cama a las 11pm y apagar las luces y poder dormir el uno al lado del otro.

Es curioso porque en aquel momento tenía 27 años y ahora casi 33; sin embargo, me siento mucho más joven que entonces, cuando devoraba los minutos con un ansia salvaje.

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05 2010

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  1. Claudia #
    1

    “unas calles sinuosas y hermosas como un tren andino” me gusta esta comparacion
    “La noche terminó tarde y gozada, con los primeros rayos del sol rompiéndonos en las pupilas” esta frase tambien esta muy bien.

  2. B.Maria #
    2

    Sara Maria, que lindo lo que escribiste. Que bonito ver que la percepcion de una ciudad varia segun tus circunstancias. Yo viví en BCN y durante el tiempo que viví ahi, viví varias Barcelonas y eso ha hecho es ciudad de lo mas especial para mi. Gracias por compartir en tu blog algo que quiza todos hemos experimentado pero no hemos podido expresar. Besos Sara Maria 🙂

    • saracaba #
      3

      Hola amiga! Cierto que viviste acá, se me había olvidado por un momento. Qué ciudad tan hermosa, realmente. Imagino la de Barcelonas que viviste, como la de Copenhagues, imaginate, me acuerdo de vos como si fueras una chiquilla, en aquellas clases donde solo decíamos I gaar jed snakkede med en veninde, jaja. Y ahora tenés una vida, dos hijos, familia danesa, increíble. Algún día escribiré de aquella noche en que nos contaste a Paola y a mí de tu primer embarazo, porque fue un momento tan especial. Te quiero mucho y te mando muchos abrazos desde tu media ciudad.

  3. 4

    Sara, me encantan tus posts. Me declaro fiel lectora.

    Me encantó cómo explicás esa sensación de estar en un mismo lugar años después y en otras circunstancias. Muy lindo y comparto tus sentimientos.

    Ahora una amiga soltera va a Barcelona por primera vez, y le estaba narrando yo todas las lindas experiencias que se viven allá. Tu blog me trajo muy buenos recuerdos de los años locos de juventud. Ja! Ni que fuera tan vieja, pero bueno, los 20s tiene demasiado encanto, y no se vuelven a vivir de la misma forma, sobre todo en Barcelona…

    Y bueno es verdad, esa energía de los veinte, cunado se “devoran los minutos con un ansia salvaje” no se vuelven a vivir. Pero los 30 traen una tranquilidad muy agradable; que se disfruta mucho cuando estás al lado de alquien quien de verdad es tu compañero de vida.

    Un abrazo amiga, y espero que disfrutes el resto de ti estadía. Espero verte pronto por las calles de Londres.

    • saracaba #
      5

      Hola Marce, es un honor tenerte como lectora! Es increíble como a veces siendo tan joven te sentís tan cansada y viceversa. No cambiaría ni un segundo de todo aquel salvajismo, pero me encanta esa paz y tranquilidad que mencionás. Pero creo que si no hubiéramos tenido lo salvaje no valoraríamos lo que viene después. Ojalá te sigan entreteniendo mis historias! Pasale el link del blog a tu amiga para darle ideas de mal portada, jaja. Muchos abrazos y en efecto espero verte pronto en Londres o CR. Sara

  4. 6

    En breve relato, buena descripción interna y externa.
    Se puede confirmar en tu escrito la relatividad, subjetividad, de nuestras sensaciones; independientemente de tiempo y lugar.
    Saludos desde Buenos Aires.
    Juan.

    • saracaba #
      7

      Hola Juan Carlos, bienvenido y gracias por tu comentario. Creo que viajar es de lo más interesante precisamente porque constatamos que no hay ciudades estáticas, sino que las ciudades son definidas por la persona y su momento de vida a la hora de la visita. Espero que podas continuar pasándote por aquí. Saludos, Sara

  5. 8

    te vi. así como lo contás.

    • saracaba #
      9

      La familiaridad ayuda a la imaginación:)

  6. Andrew Miller #
    10

    Hola Sara, pues a Barcelona no conozco pero aprecio las descripciones. Habia un film de Espana que se llama TAPAS sobre Barcelona y su “pueblo”, sus ciudadanos. Suerte con lo de Dostoyev! Mira ayer se graduaron todos de esta Uni Harvard. Era impresionante observarlo y ver que graduacion es mucho mas complicada que parece – depende del punto de vista. Ejemplo: como es para la gente que trabajan para arreglar y desarreglar al escenario? Es distinto que la experiencia para los professores que se sienten delante de todos durante las presentaciones, que es diferente que la de la pareja que observa, de la escalera de la biblioteca, a los trabajadores, bien despues de la hora de graduacion, que limpian todo. Es un caos y normal a la ves.

    Suerte con tus proximos proyectos Profesora!

    • saracaba #
      11

      Hola Andres, en efecto nada es estático y cambia depende de quien lo mire y desde dónde lo mire. Pude ver con claridad, habiéndolo vivido, todo el rollo del commencement day. Muchos saludos!



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