Aliens

(sobre el exilio voluntario)

En estos días leí el primer texto del blog de un amigo danés que vive en Boston desde hace muchos años, donde sostiene que el ser un “alien” (término administrativo que se le da a los residentes no ciudadanos en Estados Unidos) no debería ser motivo de vergüenza sino de orgullo, ya que quienes vivimos fuera de nuestros países de origen hemos tenido la oportunidad de experimentar la vida en al menos dos lugares. Arne habla de una creciente comunidad “alien”, compuesta por todos aquellos, como yo, que vamos perdiendo una identidad absoluta y nos vamos diluyendo en territorios sin fronteras aparentes. No cuestiono lo que Arne comenta, pero me llama la atención el aumento de esta población. ¿Qué es lo que nos lleva a dejar aquel espacio que nos fue dado por naturaleza como hogar?

De Costa Rica me fui hace casi 9 años porque me sentía extraña en mi propia tierra. Antes de irme entablé amistad con personas que de una u otra forma se sentían del mismo modo. Sosteníamos conversaciones interesantes, sobre todo durante los años universitarios, cuando nos sentábamos en la famosa Calle de la Amargura, insatisfechos y curiosos, a despotricar contra la pequeñez de nuestro país, las limitaciones culturales, el cortoplacismo, el mal olor de las cañerías, y cualquier otro tema que entrara bajo la casilla de insatisfacción. Llegó el momento, sin embargo, en que lo que una vez me había parecido lucidez crítica me empezó a parecer una actitud triste, de parte de los otros y mía, y decidí arreglármelas para dejar el país y encontrar ese otro lugar (entonces imaginario) donde fuera a calzar mejor.

Poco después de graduarme de la Universidad de Costa Rica como psicóloga conocí a un danés en un avión. Yo regresaba de mi primer viaje a Europa, y él iba rumbo a Costa Rica y Centroamérica a disfrutar de unas merecidas vacaciones de 3 meses. En el vuelo Newark-San José nos sentamos uno al lado del otro. Ocho meses después yo estaba en un avión cruzando el Atlántico de nuevo, rumbo a Copenhague. Recuerdo la emoción (y el miedo) que sentí al ver desde el cielo aquellas manchas de tierra esparcidas en un mar gris, formando ese lejano territorio llamado Escandinavia, que iba a ser mi hogar. Traté de iniciar con una actitud de adaptación entusiasta y positiva: aprendí su lengua, conocí sus costumbres, comí sus embutidos, tomé su akvavit, me casé con uno de ellos, sobreviví a días de 5 horas de luz en sus infinitos inviernos, pero al cabo del tiempo me volví a ver sentada en cafés, ahora en la capital danesa, despotricando contra el país y sus habitantes, tan cerrados a la gente de afuera, a los “aliens”.

Cuatro años después me voy a Boston, donde me convierto oficialmente en una “alien”, con tarjeta verde y demás. Supuse que allí, pese a haber adoptado este estatus, me sentiría más a gusto. Ya hablaba la lengua, la cultura me era mucho más familiar, los días eran más claros, y estaba en una sólida relación con una persona del país. Sin embargo, volví a caer en la crítica amarga, acompañada por otros que tampoco encontraban su hogar en Boston.

Dos años y medio después mi esposo actual y yo, tras una breve estadía en Estocolmo, nos mudamos a Londres. De nuevo las expectativas, por parte de ambos, de que en esta ciudad, enorme y que todo lo acepta, íbamos finalmente a calzar y a sentirnos en casa. Ha pasado un año y medio, y la labor de pertenecer ha demostrado ser más difícil de lo esperado. Sin embargo, no nos hemos ido, seguimos tratando, y creo que no nos moveremos hasta sentir que algo ha germinado aquí.

No hace mucho alguien me dijo: “Usted no se permite parar por miedo a que el pasado la alcance”. Más tarde otra persona agregó: “Los monstruos son más grandes cuando se huye de ellos”. Después de tanto trote me empiezo a cansar, y a darme cuenta de que no hay suficientes galaxias, ni mesas de café, donde huir de lo que sea huimos quienes un día, caprichosos y aburridos, decidimos ir en busca de un mejor hogar. No se huye de un territorio geográfico y sus limitaciones, sino de uno mismo y su propia vida.

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02 2011

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  1. saracaba #
    1

    SOBRE EL BLOG Del club de aliens….Sara, tocaste un punto vital en muchas de nuestras vidas. Yo, alien desde años en los eeuu, me he dedicado la vida laboral a este tema…realmente es como crear una “tercea cultura” continuamente, ni la natal, ni la del pais huesped, pero tengo otra teoria… en mi caso, pienso mas en una busqueda continua en vez de un huir. al fin y al cabo, me siento comoda en las márgenes. Desde alli, se puede observar no solo lo de dentro, sino tambien zambullarse de vez en cuando en el charco para mojarse y sufrir igual que los nativos, y luego seguir buscando (seeking lo llamo). Lo de hogar, eso es otra cosa. Abrazos de Costanza

    • saracaba #
      2

      Querida Costanza, gracias por tu comentario, especialmente viniendo de vos, que efectivamente te has criado en prácticamente todo el mundo (lo pegué acá para que esté bajo el posting correspondiente). Me parece que tu teoría del seeking es correcta. Quizá sea la etapa posterior a la huida, o paralela. Yo creo que yo, y muchas de las personas que hemos dejado nuestro entorno natural (ya de adultos jóvenes) hemos huido de algo. Algunos lo tenemos más claro, otros no, pero hay mucho de esto. Estoy de acuerdo con vos en que te permite ver desde dentro y desde fuera, pero para mí sigue siendo un poco duro ese no pertenecer, que es la parte que relaciono con el hogar. Abrazos y gracias por pasar por acá y por tu aporte. Sara

  2. Claudia #
    3

    Yo sí que creo que es una huida, o al menos lo es en mi caso. No lo tengo clarísimo de qué, pero intuyo que huyo para tratar de ser yo misma porque la distancia me salva de cumplir con el rol que se espera de mí, a la vez creo que huyo para no confrontarme con afectos asfixiantes y tal vez también para buscar un lugar al que pertenecer que no acabo nunca de encontrar, porque en todas partes acabo por sentirme un poco de fuera.

    • saracaba #
      4

      Claudia, gracias por escribir y compartir tu experiencia al respecto. Bueno, estamos en Londres, y creo que Londres es una ciudad que para bien o para mal está llena de gente como nosotras, que anda tratando de resolver algo en sus vidas sin tener muy claro qué. Por eso creo que el lograr que algo germine en esta enorme ciudad, a veces tan impersonal, es un paso importante. Tengo la impresión de que cuando se deja de huir lo que queda es una misma, y ese espacio interno es el espacio del hogar. Es así para cualquier persona, solo que es más notorio para quienes habitamos en un limbo geográfico, ya que el orden “natural” se ha trastocado. Fuertes abrazos, Sara.

  3. Ricardo Bada #
    5

    Con todos los respetos, a mí me parece que esa alienitis es una enfermedad de luxe, sólo se la pueden permitir quienes tienen una cierta formación cultural y algún respaldo económico, aunque sea exiguo. Yo vivo entre extranjeros que arribaron a Alemania con una mano detrás y otra delante, sencillamente porque en sus países no había trabajo ni red social que los sustentara. En ellos, de manera curiosa, ese ser alien se evidencia en la nostalgia del lugar de donde salieron, y eso que allí lo pasaban mal y hasta se morían de hambre. Muchos de ellos, creo que hasta una mayoría (estadísticamente hablando), apenas juntan los pesos para poder vivir en el lugar de donde salieron, regresan. Los que se quedan generalmente es por la fuerza de la inercia, en unos casos, o por el tirón cordial de unos hijos y unos nietos que ya son de este lugar adonde llegaron sus padres y/o sus abuelos. Huir de sí mismo, Sara querida, creo que es un mal que los pobres no se pueden permitir. Vale, con un beso.

    • saracaba #
      6

      Querido Ricardo. Muchas gracias por tu comentario que aporta contraste y reporte de una época distinta de la actual. No te voy a negar que sí, que es un asunto de élites ese de poder permitirse huir, o quizá no huir, sino teorizar al respecto, y más aún ponerse a escribir sobre ello. Enfaticé el “voluntario” en este texto porque estaba pensando en esas personas (seguramente pertenecientes al menos a las clases medias de sus países de origen) que, casi como un capricho, deciden huir de algo que no se termina de concretar. Evidentemente si estás sumido, en el extranjero, en tareas de supervivencia, y no dialogando en cafés sobre el significado de la vida, no te ponés a pensar en tus emociones. Las emociones, o el pensar en ellas como entidades sujetas a nuestra reflexión, pueden parecer más alienígenas que el mismo hecho de ser un “alien”. Si vale la aclaración, yo escribía más desde mi posición y pensando en aquellos que están en la misma situación (como reporta Claudia, o Costanza). No pretendía generalizar el asunto migratorio, ni obviar lo que la migración ha significado históricamente. De nuevo, gracias por salpicar el debate. Besos de vuelta. Sara

  4. leonor #
    7

    Hola, a medida que leia el articulo y los comentarios me iba llenando de palabas que mas vale no repetir, hasta que llegue al comentario de Ricardo y respiré hondo, bueno alguien salió a decir lo mas o menos justo y con mejores palabras. No considero que el “pensar sentados a un café” o “pensar sus emociones”sea propiedad de los aliens-voluntarios, tambien los que salimos obligados podemos pensar ,sentir y conversar sobre ello.lo hacemos y no salimos a la palestra,humildemente nos quedamos con nuestors pesares.
    otro si digo:
    no podemos ignorar bajo ningun concepto la migracion actual ,mucho mas importante que la que llega de africa a españa por solo citar un ejemplo.entre llos muchos actuales y dolorosos.-

    • saracaba #
      8

      Hola y gracias por tu comentario. El asunto de la migración es uno inmenso y complejo. En menos de página y media no pretendía dar cátedra sobre el tema. Empiezo hablando de un tipo de persona (educada, como menciona Ricardo) que no está obligada a irse de su país, que lo hace por motivos de huida emocional. Este era mi ángulo. En ningún momento pretendo insinuar que toda la gente que se va de sus países se va a sentar a cafés a divagar sobre la vida, ni que los que se quedan en sus países son seres emocionalmente inertes. Hablo desde lo que conozco, y lo que conozco es sobre lo que escribí. Aprecio el debate. Me confirma que este es un tema importante. Saludos, Sara.

  5. Claudia #
    9

    http://www.facebook.com/#!/grantamag?sk=app_4949752878

    A propósito del tema, Granta dedica su número a los Aliens…

    Por cierto que mis padres, españoles que emigraron a Argentina por razones económicas, volvieron a España después de muchos años, y se sintieron y sienten como Aliens en su propio país.

    Yo abandoné mi país por primera vez con mis padres (era menor y por tanto no decidí), pero cuando terminé de estudiar decidí que no quería vivir en ese supuesto paraíso que es Europa y que necesitaba reencontrarme con mis raíces. En fin, no voy a alargarme, pero hay muchos motivos para irse de un lugar, incluso una mezcla de varios.

    Yo también creo que hoy en día hay mucha más gente que vive fuera de su lugar de origen, no necesariamente por razones económicas. Tal vez porque es más fácil para algunos hacerlo hoy en día y porque estamos más interconectados.

    No creo que hablar de este tipo de gente en particular sea ser vano o superficial, o que suponga ignorar el tema de inmigración por razones económicas o los exilios por razones políticas, de orientación sexual etc.

    • saracaba #
      10

      Hola Claudia. Gracias de nuevo por regresar a la discusión y aportar al debate. De hecho en algunos de mis borradores de este texto mencioné el número de Granta (que me llegó a casa en estos días), pero al final no le vi cabida. Me alegra que lo hayás traído a colación. Del lado hispano hay una historia de Roberto Bolaño (“Playa”, muy linda, por cierto), que es un atinado ejemplo de esta mezcla de culturas y geografías y este no pertenecer a un lugar determinado. No soy una teórica de la inmigración, pero me parece, como a vos, que la inmigración de jóvenes (educados, de clase media o más) en la actualidad tiene más que ver con una huida y un deseo de búsqueda que con una imposición política o económica. Me alegra que a vos tampoco te parezca vano hablar del asunto. Considero injusta la idea de que por no haber sido víctimas de una dictadura tengamos derecho limitado a expresar lo que sentimos ante nuestro propio tipo de “exilio”. Abrazos, Sara.

  6. Ricardo Bada #
    11

    Bueno, tal vez fuera conveniente empezar a balizar el tema antes de seguir.
    Emigración y exilio se parecen en sus consecuencias, pero no son la misma cosa en sus orígenes. La emigración, incluso cuando es “obligada” por motivos económicos u otros, resultza a fin de cuentas de una decisión voluntaria. El exilio, en cambio, o bien te lo imponen directamente los dictados del poder político o las circunstancias derivadas de ellos (si no te vas, corres el riesgo de que “te desaparezcan”). El caso personal que vos planteás, Sara, el tuyo, es un caso claro de emigración: si te fuiste de Costa Rica fue por razones personales, perfecta y legítimamente atendibles y respetables. El mío también fue un caso claro de emigración, aun cuando en el fondo del mismo estuviese la decisión de no regresar a España mientras no se respetasen en ella los derechos humanos, y en especial dos que concernían a mi trabajo: la libertad de expresión y la libertad de prensa. Los que yo planteaba en mi comentario anterior, al que se sumó Leonor, son casos de exilio. Si ganamos claridad en este deslinde de enfoques, podemos avanzar más cómodamente, creo yo. Lo que lamento es haber difundido tanto tu posting y que no haya más gente dispuesta a platicar sobre un tema que es el gran tema de nuestro tiempo: el desplazamiento de seres humanos, en algunos casos hasta de poblaciones enteras, sea cuales fueren sus motivos. Vale.

    • saracaba #
      12

      Ricardo, aprecio la diferenciación que planteás entre exilio y emigración. Supongo que porque mi enfoque (en este caso) es más emocional que político no entré en el matiz de los términos. Hay varias personas en situaciones similares a la mía que me han escrito (no aquí) agradeciéndome por este posting y diciéndome lo mucho que se han identificado. Habrá otras, como Leonor, que no estarán para nada de acuerdo pero que no ven el punto en expresar su desacuerdo. Definitivamente es un debate interesante, que se vería enriquecido por más opiniones. Veremos si llegan. Abrazos, Sara.



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