Archive for September, 2011

Cómo aprender

Un libro honesto y bien escrito es un oráculo, especialmente si llega a nuestras vidas en el momento indicado. Llevo un par de meses un poco asustada. Asustada porque un día me pregunté qué había aprendido en esta vida, a mis treinta y cuatro años de edad, y me di cuenta de que tenía muy pocas respuestas. Mi mayor error, entendí, había sido el equiparar experiencia con aprendizaje. He visto, he viajado, he acumulado años, pero poco he aprendido. Me planteé la pregunta “¿qué se requiere para poder aprender?” y no encontré respuesta satisfactoria hasta haber terminado la lectura de “A Personal Matter” del japonés Kenzaburo Oé.

“A Personal Matter” es un libro duro y hermoso protagonizado por Bird, un profesor de veintisiete años cuya vida se ve profundamente transformada tras el nacimiento de su primer bebé: un niño con hernia cerebral y altos pronósticos de vida vegetal. Aun antes del conocimiento de la enfermedad Bird sufre con la idea de la paternidad. Tiene miedo de que esta le cierre la puerta a su libertad y a su mayor sueño: ir de viaje por las carreteras de África y escribir un libro al respecto. La novela se desarrolla en tres días terribles en los que Bird se refugia en un coito feroz y neblinoso con una amiga de sus años universitarios, con la que va hilvanando el escape mutuo a África. Allí, creen, sus penas quedarán olvidadas y podrán ser finalmente felices. Pasan de la fantasía del cuarto en que copulan a la realidad, donde el único obstáculo para la huida es la existencia del niño. Hacia el final del libro ambos llevan al bebé a una clínica clandestina que se hará cargo de su eliminación.

Cuando todo parece indicar que la pareja logrará concretar su plan, Bird cambia de parecer y salva al niño. Se da cuenta de que desde el nacimiento del bebé, y quizá desde antes, desde que su padre se suicidó en su infancia, él no ha hecho más que escapar y evadir la responsabilidad de sus acciones. “It’s for my own good. It’s so I can stop being a man who’s always running away” le dice a su amante en la despedida.

Corremos y creemos que lo que queda atrás desaparece con nuestros pasos. Dejamos a nuestras espaldas errores, decepciones, engaños, falsedades, mentiras, inmadurez y dolor. Soñamos con África y sus carreteras, dejamos nuestros países, aprendemos otra lengua, nos divorciamos, nos volvemos a casar, y seguimos corriendo. Pero lo cierto es que no es hasta que aceptamos que ese pasado somos nosotros también que podemos dejar de correr y aprender. Se aprende en la observación y el reposo, empiezo a entender, y no en la huida.

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09 2011