¿Sois o son?

Cuando vivía en Copenhague tuve una intensa y desigual relación con un danés tanguero (un hombre enamorado de Argentina, dedicado al tango y que hablabla español como el porteño más porteño) que una noche, hastiado de mi meloso enamoramiento centroamericano, me dijo: ‘¿y vos por qué hablás como argentina si no lo sos?’ Algo le respondí, pero lo que se merecía era una cachetada por ignorante.

No fue la última vez que escuché comentarios parecidos. Lo que me fue sorprendiendo es que no siempre provenían de personas que habían aprendido el español como lengua extranjera (para quienes hay una cuota de comprensión), sino de otros latinoamericanos que creen que el “vos” le pertenece única y exclusivamente a los argentinos, quienes, por buena gentes, se lo han prestado a los uruguayos; pero les parece inconcebible que esta forma sea usada por nicaragüenses, costarricenses o guatemaltecos, por ejemplo. La reacción de los españoles más puristas y poco viajados ha ido un paso más allá, ha terminado en la risa.

Al principio me costaba no ofenderme ante estas reacciones, pero poco a poco me fue importando menos, no solo porque me di cuenta de que una respuesta de este tipo denota en su mayoría ignorancia, sino porque me dejó de importar tanto lo que la gente tuviera que decir sobre mi modo de hablar. Como mencioné en el posting Hogar, en Costa Rica mi español (después de años en el extranjero) suena raro, y en el extranjero hay quienes no pueden dejar de sorprenderse de que una persona de este pequeño país hable como una argentina y arrastre la erre como una gringa.

Recibí esta semana el boletín electrónico de la Revista Eñe con noticias sobre su festival de literatura en Madrid. Dentro del boletín figuraba el blog de una escritora peruana, residente en España, que ha sido la encargada de registrar los highlights del evento. Lo primero que me llamó la atención del blog fue su nombre: “Sois dioses”. Yo no sé mucho de esta escritora, pero sí sé que es de Perú, y hasta donde yo estoy enterada, en en este país se usa el “ustedes” y no el “vosotros”. También sé que esta escritora, de unos 35 años, lleva más o menos 7 viviendo en España y, aunque estoy consciente de que hay una facilidad enorme de copiar la forma en que las cosas se dicen en otro sitio ( “tío”, “vale”, “joder”, etc), no concibo como fenónemo natural (porque conozco a latinoamericanos que han residido en este país durante muchos años y no se han visto afectados) el cambio del “ustedes” por el “vosotros”. Me atrevería a afirmar que para cualquier latinoamericano implica un tremendo esfuerzo el conjugar con “vosotros”, lo que me lleva a pensar que hay algo más en juego en esta tendencia de algunos escritores jóvenes de esta región, que al cabo de unos años en España (pocos en comparación con la extensión de sus vidas) ya hablan como si hubieran nacido al otro lado del Atlántico.

Cuando trabajaba como profesora de español como lengua extranjera en Estados Unidos me era asignado material con “ustedes”, por la cercanía con Latinoamérica, y aquí en Londres, por la cercanía con España, con “vosotros”. Esto me parece comprensible, y no lo debato. Lo que sí procuro hacer es presentar una mezcla variada de material a mis alumnos, y explicarles que ambas formas son totalmente válidas y comprendidas en cualquier lugar donde se habla español. Lo que me es totalmente imposible hacer (y sé que algunos profesores latinoamericanos de ELE en Londres lo hacen), es ponerme a decirle a mis alumnos: ‘Abrid el libro en la página doce’. ¿Por qué sacrificar quien realmente soy si toda una clase entiende perfectamente cuando le digo: ‘Abran el libro en la página doce’? No voy a negar que en Londres me he topado con situaciones incómodas originadas por una minoría de alumnos que jamás ha tenido una relación con Latinoamérica y que reclama el no tener una profesora que hable español “de verdad”. No ha sido fácil estar frente a una clase que queda en silencio tras un reclamo de este tipo, pero me alegro de que mi respuesta siempre haya sido la de informar y formar, y no la de anularme para calzar. Una vez que le he dejado claro a este alumno que el español que yo hablo es representativo de un grupo de 19 países y no uno, parece él mismo caer en cuenta de lo vergonzoso de su comentario, y la clase puede proseguir sin mayor inconveniente.

Me pregunto cuál sería la reacción de esta escritora si fuera ella la profesora de español en Londres, me pregunto cuál hubiera sido mi elección para un blog si viviera en España. Por tratarse de especulaciones no tengo respuesta, lo que sí tengo claro es que si la ruta express para el reconocimiento y la adaptación implica dejar de ser quien se es, prefiero irme a pie, despacito, y ver a dónde logro llegar, cuando llegue.

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11 2010

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  1. 1

    Sara, la cuestión que planteas es bastante compleja. Una de las cosas que le reprocho a Cortázar, sobre todo en sus novelas como Rayuela, es escribir en un argentino arqueológico en su pretensión de fidelidad. Pero también soy consciente de que su lengua vernácula en el contexto de la lengua francesa no tenía posibilidades de evolución léxica, sintáctica y prosódica. En mi caso, con más de treinta años en España, escribo en un español totalmente mestizo o, contaminado si quieres, pero que responde fielmente a mi ser actual. La identidad, y con ella la lengua que hablas, no es monolítica y tu salud creativa si es que escribes desde el lenguaje, depende mucho de que aceptes su evolución. Puedo decirte que sufrí mucho y llegué a pensar que nunca podría escribir de verdad hasta que no me di cuenta de que debía reconocerme en que era y no en el que había sido, lingüísticamente hablando. Baste decirte que llegué a escribir una novela con cadencia endecasilábica para hallar mi nueva música. Y que ella, en el hablar cotidiano sonaba “abrid el texto en la página dose”. Abrazo fuerte.

    • saracaba #
      2

      Antonio, estaba deseosa de oír tus impresiones sobre este posting, pensé mucho en vos mientras lo escribía. Es un asunto complejo, es cierto, y por lo mismo lo quise dejar con una sensación especulativa al final, porque lo cierto es que si fuera yo quien viviera en España, no sé cómo escribiría. Digamos que mi punto “fijo” es la crítica a una tendencia que me parece a veces oportunista. No en tu caso, vos tenés mucho tiempo fuera de Argentina, es otro asunto. Comprendo perfectamente tu sufrimiento y experimentación lingüística en un terreno que no es el que te fue dado por nacimiento. El otro día compartí algunos de mis cuentos con un amigo español que vive desde hace muchísimos años en Alemania, y me dijo que aunque el lenguaje en general estaba bien, notaba muchos anglicismos y costarriqueñismos. En el pasado un comentario así me hubiera derrumbado, no porque él lo haya hecho de mala voluntad, sino porque hubiera sentido que mi idioma es un desastre, y ¿qué tenemos los escritores sino la lengua? Mi reacción en este caso fue algo tipo: así es la vida. Me toca revisar mucho mucho lo que escribo porque sé que está “contaminado” como decís vos, pero me toca también maniobrar dentro de mis “limitaciones”. El otro día me aventuré, por ejemplo, a escribir un cuento en inglés. Sé que salió con muchos errores, pero me sentí comodísima creando diálogos en esta lengua, cosa que no me pasa en español, ya que el 98% de los diálogos de mi vida suceden en inglés. A veces siento que ya no poseo una lengua limpia, ni el español ni el inglés, que es mi lengua cotidiana, y eso me hace sentir rara, desterrada, pero también he aceptado, como decís vos, que el lenguaje es un producto no solo de quien se ha sido históricamente, sino de quien se es. Quizá mi desconfianza es más en función de quien se pretende ser. Abrazos fuertes de vuelta y gracias por tu interesante y personal aporte. Sara

      • 3

        Sara, sé que enfocabas la impostación, pero me aproveché de la brecha que abrías para dar mi punto de vista. Lo que me dices de tu experiencia en inglés, me alegra pues estás respondiendo al llamado profundo de tu identidad. Conrad, Nabokov, Kafka, entre otros, crearon su propia lengua para sobrevivir como creadores. Se me hace, que tú (vos) estás en ese camino.

        • saracaba #
          4

          Y qué bien que te hayás aprovechado. De eso se trata, además de que enriqueciste mucho el tema. ¡Ya quisiera yo sentir que ando ligeramente por ese camino!, pero es cierto que el que haya habido escritores de esa talla que se aventuraron a crear en otra lengua, o en más de una, da ánimos para experimentar. Lo que de eso salga, ya es otra historia.

  2. Claudia #
    5

    Yo tampoco sabía que se usaba el vos en otros paises además de Argentina y Uruguay hasta que que empecé a viajar por Latinoamérica no me enteré que también usan el vos en Bolivia o en Guatemala. Otra candidata para la cachetada!

    En cuanto al vosotros, no se usa en toda Espania, aunque es mayoritario, no se usa en Canarias y en Andalucía (al menos en algunos lugares no se usa).

    Yo el tú y el vosotros lo aprendí en el colegio, aunque en Argentina no se usa, asi que cuando me fui a vivir a Espana no me resultó tan difícil empezar a usarlo. Cuando te vas a vivir a otro país donde se habla tu lengua, es inevitable adoptar las palabras y giros que se usan en el país, al menos si quieres que la gente te entienda. Creo que la celeridad y profundidad del cambio depende de varios factores: la edad con la que te instalas en ese país y el entorno, es decir, si estás rodeada de gente del país; en el caso de tu ejemplo, Espania o si más bien estás rodeada de extranjeros.

    Aún así, en mayor o menor medida, se acaba hablando en un idioma mestizo, que no es 100% de ninguno de los dos lugares. Esto antes me causaba algún trauma, pero ya lo tengo asumido y no tengo el menor inconveniente en vivir una realidad esquizofrénica en la que me declaro argentina, mientras hablo con un acento y palabras espaniolas.

    También es verdad, que en ciertos casos, al escribir, me parece que hay que tratar de neutralizar un poco ese mestizaje, si el personaje o la trama transcurre en el país de origen y no se justifica la utilización de ciertos términos.

    Se me viene a la cabeza el ejemplo del libro “Una vez en Argentina” cuyo vocabulario muchas veces me choca porque la trama transcurre en Argentina y el narrador utiliza palabras que me resultan muy poco creíbles en esa historia.

    Sin embargo, Andrés Neuman, que lleva muchos anios viviendo en Espana y que como yo, se instaló allí cuando tenía unos 13 anios, no es, a mi juicio uno de esos oportunistas, que seguramente los hay; sino un ejemplo de la realidad de muchas personas hoy en día, que somos fruto de un mestizaje cultural.

    • saracaba #
      6

      Claudia, gracias por tu aporte. Esperado también ya que, como Antonio, sos producto de España y Argentina, y encima llevás años viviendo en Londres. Es cierto lo que mencionás del uso de “usted” en Andalucía, lo curioso es que a los pocos andaluces que conozco, todos fuera de España, nunca los he oído hablar de “ustedes”. Seguro que si una está allí es otra historia, pero yo aún no he ido. Vos te fuiste de niña a España, y es lógico que la transición al “vosotros” no te haya costado tanto (la impresionante facilidad de mímesis de los niños), pero para mí, por ejemplo, que también estudié el “tú” (que se usa a veces en Costa Rica) y el “vosotros” en la escuela, me es completamente extranjero, porque nunca he estado tan expuesta a él. ¡Una vez, de hecho, en medio de una clase de español aquí en Londres, tuve que mandarle un sms de emergencia a mi esposo para que me soplara unas conjugaciones de vosotros que no me salían! Creo que mi rollo con el cambio al “vosotros” tiene también que ver con el hecho de que en Costa Rica nunca llegué a conocer a un español que se hubiera adaptado al “ustedes”, mientras que España (siendo el único país -no estoy segura de qué se use en Guinea Ecuatorial- que utiliza “vosotros”) está llena del caso inverso. Ahí veo algo de malinchismo, no en tu caso ni en el de Antonio, ni en el de muchas personas más que hayan experimentado la transformación lingüística de un modo natural e irreversible (aunque no por ello menos traumático), sino en el de quienes adoptan un set de palabras de modo forzado para aparentar. Es como si yo al poner un pie en Inglaterra hubiera empezado a decir “lovely” o “brilliant”. Después de más de un año de vivir aquí son palabras que apenas empiezan a asomarse a mi vocabulario, pero que no me impuse por el solo hecho de querer ser más “british”. Por otro lado, estoy 100% de acuerdo con ustedes (¡o vosotros!) dos en que el lenguaje, una vez que se emigra, se convierte en un híbrido que a mí también me asustó mucho al principio, y con el que me empiezo a reconciliar. Es un proceso lento y no exento de muchas dificultades, a veces también atrae incomprensiones por parte de quienes continúan viviendo en la versión “pura” de la lengua en que una habla o escribe.
      Lo que mencionás al final es también muy interesante, estoy de acuerdo, y coincide con la mención de Antonio a Rayuela de Cortázar. El asunto es que ¡a veces ni siquiera estás consciente de qué es un localismo o no!, hasta que te topás con un problema de comunicación. Yo, por ejemplo, por mucho tiempo no supe que “por dicha” es un costarriqueñismo, hasta que se lo dije a un amigo chileno y me dijo: ‘¿qué???’ Por fortuna, por suerte, le tuve que aclarar. Pensaba el otro día, como una ocurrencia total, que de repente el éxito internacional de Bolaño tiene que ver en parte con el hecho de que es un representante del híbrido en el que muchos vivimos al dejar nuestro país de origen. En fin, que hay muchísima tela que cortar en este tema, ya que demuestra que el lenguaje no solo no es estático, sino que está relacionado con asuntos tan personales y determinantes como la historia, las emociones, la identidad y el concepto de hogar y pertenencia. La cachetada te la quedo debiendo, ¡jaja! Gracias por tu valioso comentario. Abrazos, Sara.

  3. 7

    Sara, si no lo has leído, te recomiendo la lectura de Lenguaje y silencio, de George Steiner, especialmente el capítulo titulado El silencio y el poeta. Es fantástico. Un abrazo

    • saracaba #
      8

      Hola Antonio, no lo he leído. Tomo nota y gracias por la referencias. ABrazos, Sara.



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